Sin temor a equivocación se puede afirmar que el problema más grave que tiene Colombia es el desempleo. No sólo por los datos que muestran las estadísticas, sino por la creciente informalidad -según la información disponible, se ubica entre los países que más padecen este fenómeno-, el frente laboral es el que muestra el peor desempeño y, sobre todo, la tendencia más negativa. Lejos está de haber asimilado el principio que dice: "el acceso al empleo constituye uno de los principales mecanismos de inserción social".
Aunque se haya convertido en un lugar común, es preciso repetir una y otra vez que el empleo es la principal fuente de ingreso de los hogares, porque permite la adquisición de bienes y servicios que hacen posible a sus miembros aspirar a un nivel de vida acorde con sus patrones culturales. Pero, además, cuando tiene lugar en el ámbito formal, se puede participar en el sistema de previsión social (salud y pensiones), estructurado para que el trabajador y su familia puedan hacer frente a las situaciones imprevistas y tengan una vida digna una vez que se jubilen.
No obstante, ahí no paran las cosas; el acceso al empleo representa para el individuo su canal de inserción en el esfuerzo colectivo de creación de riqueza económica y cultural. De esta manera, la insuficiencia del empleo se traduce en grave menoscabo de la integración y protección social y de la realización de capacidades humanas, así como en un marcado deterioro de la autoestima individual y colectiva. Y por si hiciera falta algo más, cuando se convierte en un fenómeno prolongado o sistemático para ciertos grupos, debilita seriamente la cohesión social en torno al proyecto colectivo y mina los conductos democráticos de participación. Los gobiernos populistas con inclinaciones dictatoriales, son la consecuencia más evidente de este delicado asunto.
Si así son las cosas; la pregunta obligada es, entonces: ¿cómo encarar el problema?
Siguiendo a los especialistas en estos menesteres y dando por descontado que los temas gruesos -crecimiento económico, educación, desarrollo tecnológico, brechas salariales- hacen parte del inventario de cuestiones que se deben abordar, vale anotar que tres son los principales obstáculos que entraban el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas, sector fundamental para encontrar las soluciones: la carencia de financiamiento apropiado; la dificultad de acceso a conocimientos tecnológicos y gerenciales, y los canales inadecuados para la comercialización de sus productos.
En vista de su importancia como fuentes de empleo y la elevada incidencia en la generación de ingresos para los hogares más pobres, deben desplegarse formas muy activas de políticas públicas a favor de este sector. El principal objetivo de la política y de los servicios que se provean es establecer condiciones más estables de producción y de empleo, que favorezcan la acumulación de conocimientos. El apoyo a las microempresas para mejorar su posicionamiento en las cadenas productivas, fortaleciendo su interrelación con los proveedores de distintos bienes e insumos, hace parte de la estrategia.
Otra área importante, es el establecimiento de redes de apoyo que permita a estas empresas incorporase a los procesos de modernización. El acceso a la financiación, en particular al crédito, es factor clave que debe ser atendido en forma prioritaria. Aunque existen otros campos para la acción, no entro en mayores detalles por razones de espacio.
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