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Gabriel Rosas Vega

El discurso de Obama: una lección

Publicado el 18-06-09

No tengo la menor duda de que los profesionales del escepticismo -esos que se desmayan y no vuelven en sí, sino en no- y los pragmáticos a ultranza, poca o ninguna trascendencia le darán al discurso pronunciado por el Presidente de Estados Unidos en la Universidad de EL Cairo. Con cierta sorna dirán que a punta de discursos no se arreglan las cosas.

Aunque existen múltiples razones para no creer en soluciones rápidas y, sobre todo, viables, es un hecho que el tono y el contenido del discurso de Obama es una invitación franca y sincera al diálogo entre Estados Unidos y los musulmanes con un lenguaje distinto al utilizado en el pasado. Pero, más aún, es un mensaje para otros pueblos sumidos en profundas disputas. Con enfoques como: "mientras nuestras relaciones se determinen por nuestras diferencias, estamos dando poderes a quienes siembran el odio en vez de la paz, a quienes promueven las guerras en vez de la cooperación que podría ayudar a nuestros pueblos a alcanzar la justicia y la prosperidad; debe terminar este círculo de sospechas y discordias", crea espacios de reflexión que deben ser explorados por todos quienes se encuentren en situaciones análogas o, en alguna forma, equivalentes. Por ejemplo, la que vivimos los colombianos hace ya más de medio siglo.

Es evidente que el conflicto que nos agobia no va a terminar dándonos más bala todos los días. Como Obama lo confiesa "también sabemos que el poder militar, por sí solo, no va resolver los problemas en Afganistán y en Pakistán", así mismo, nosotros debemos aceptar que, a pesar de los avances logrados con la política de la Seguridad Democrática, los bandos en contienda -no es claro cuántos son- no dan su brazo a torcer. Incrementando todos los años el presupuesto de defensa y, en consecuencia, gastando lo que no tenemos en dotación militar, a cambio de emplear buena parte de esos recursos en inversiones para combatir la pobreza, no vamos a conseguir la anhelada paz. Entre otras razones, porque el aumento de la violencia en las ciudades -los casos de Medellín y de Cali resultan patéticos-, son una indicación de que las cosas no marchan por buen camino.

Aunque suene romántico, debemos hacer un esfuerzo continuo para escucharnos entre colombianos, para aprender unos de otros, para respetarnos y para buscar puntos en común. Si bien es cierto que las palabras no pueden, por sí solas, resolver las necesidades de los pueblos, pues esto se logra sólo si se actúa con audacia, no hay duda de que entender que compartiendo los retos del futuro es la única forma de alcanzar el éxito. El fracaso al hacerles frente nos perjudica a todos.

Volviendo al importante discurso, muy ilustrativo me pareció la siguiente alusión: "los palestinos deben abandonar la violencia. La resistencia mediante la violencia y el asesinato es indefendible y no lleva al éxito. Durante siglos, las personas negras de E.U. sufrieron los latigazos como esclavos y la humillación de la segregación.

Pero no fue la violencia la que conquistó derechos plenos e iguales. Fue una insistencia pacífica y resuelta en los ideales que se encuentran en el núcleo de la fundación del país. Es una historia de una verdad sencilla: la de la violencia es una vía muerta". 

rosgo12@hotmail.com

Gabriel Rosas Vega

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