Creo no equivocarme cuando afirmo que no hay actividad más vilipendiada y repudiada en el mundo económico que la financiera.
La acumulación de crisis y de episodios que han sufrido las economías de diversas regiones del mundo durante los últimos años, hasta la hecatombe en marcha, respaldan semejante aseveración. No obstante -he ahí el contraste-, es la más protegida y, a la postre, la más celosamente cuidada de todas, pues su papel es clave no sólo en el proceso de desarrollo, sino en la vida diaria de los seres humanos.
Sin duda, es una de las invenciones sociales más importantes, basada en la confianza y montada sobre principios económicos muy elementales. Para apreciar la importancia que tiene el componente básico del sistema en la vida de las personas: el dinero, basta imaginar cómo se desarrollaría la actividad económica sin su presencia. Si esto es así para los individuos, quizás lo es mucho más para los países, que son afectados por las distorsiones ocasionadas por el sistema financiero.
En términos generales se puede decir que los factores que subyacen al surgimiento de desequilibrios y hacen que las economías sean tan vulnerables a las perturbaciones financieras son de distinta categoría y origen, de allí que sea necesario identificarlos claramente para acertar en el diseño de las políticas y no perder tiempo atribuyéndole responsabilidades a variables que no tienen nada que ver.
Para no ir tan lejos, el gobierno del presidente Obama, después de muchas vueltas, finalmente parece haber apuntado bien con los recursos asignados para la compra de los llamados 'activos tóxicos'.
Conforme lo señalan opiniones de aquilatados analistas, los factores en cuestión se pueden agrupar en las siguientes categorías: políticas macroeconómicas insostenibles -léase Chávez-, debilidad de la estructura financiera, situación financiera mundial, desajustes de la tasa de cambio e inestabilidad política.
Por este motivo, la actividad económica tiende naturalmente a fluctuar, dando lugar a variaciones en el comportamiento del mercado que pueden contribuir a provocar tensiones en el sistema financiero. Entonces ¿cómo enfrentar los problemas?
Desde luego, no soy yo quien tiene la respuesta al interrogante, "falta pelo para el moño", dice la locución popular; sin embargo, considero factible hacer algunas reflexiones sobre las lecciones e implicaciones de las políticas. El argumento del riesgo moral, por ejemplo, plantea preguntas difíciles en el debate de política, acerca de lo que debiera hacerse para prevenir nuevas crisis. Una consecuencia extrema del argumento del riesgo moral, sería una razón fuerte para disolver cualquier institución doméstica. Empero, me temo que no en todos los casos sería la solución adecuada. En otro contexto, reconocer que el crédito importa, que podrá haber restricciones durante fases tempranas de los programas de estabilización, no implica de inmediato la posibilidad o la necesidad de diseñar un marco estructural alternativo de política. Una discusión importante de política, es si, en ciertos casos, es preferible tener una situación de racionamiento de crédito y/o de restricción que tener tasas de interés más altas. De cualquier manera, es un hecho que las variables no monetarias relacionadas con aspectos institucionales del sector financiero son un elemento importante para la recuperación económica después de la crisis monetaria.
El punto de vista de que el sistema financiero ejerce un impacto de primer orden en el crecimiento económico es incuestionable; por eso hay que cuidarlo.
rosgo12@hotmail.com
PUBLICIDAD