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Gabriel Rosas Vega

Notas de viaje

Publicado el 15-01-09

Por cuenta de las facilidades que ofrece el transporte aéreo, durante muchos años mis desplazamientos a la zona cafetera se hacen por esa vía que, por supuesto, impide apreciar las bellezas naturales del país y los diversos escenarios que ofrece la geografía nativa.

Pero, no son exclusivamente estos los factores que condicionan la utilización de ese medio; las urgencias laborales -por lo regular sometidas a la dictadura del tiempo- conspiran en contra del propósito de ir por tierra a los ubérrimos parajes en los que se cultiva el preciado café, soporte durante muchos años de la economía regional y nacional.

Sin las urgencias laborales y deseoso de transitar por los caminos que por primera vez recorrí con ocasión de una excursión organizada por el colegio en el que me preparaba para enfrentar los avatares de la vida, durante el fin del año anterior y los primeros días del presente, emprendí, junto con mi familia, la expedición que habría de llevarnos a la zona que por muchas razones tengo entre mis más caros afectos. Nunca podré olvidar las actividades que hube de cumplir como secretario general del Ministerio de Hacienda y luego como viceministro en relación con la región cafetera; después, la especial atención que le brindé en mi calidad de ministro de Agricultura a las cuestiones relacionadas con el cultivo y, posteriormente, las gestiones adelantadas en nombre y representación de los exportadores de café.

Pues bien; centrado en el tema, debo anotar la muy buena impresión que me dejó el estado de la vía que une a Bogotá con el departamento del Quindío, incluido el paso por la siempre temida 'Línea', erigida en desafío permanente para el desarrollo nacional. Pese a las dificultades que entraña el lento tránsito de los equipos para carga pesada -sin duda, representan un alto costo para la competitividad de la economía por el elevado costo del combustible y los accidentes-, la carretera se encuentra en satisfactorias condiciones. Tramos de doble calzada ya terminados y en servicio facilitan el desplazamiento de los vehículos a más altas velocidades -esto en la ruta Fusagasugá-Girardot-, que de algún modo compensan la lentitud del ascenso y marcan lo que será el futuro de ese vital corredor vial del país. Una vez concluido el túnel y las obras de adecuación, la capital del otrora departamento cafetero (Armenia) -lo digo porque la importancia del grano en el Quindío ha pasado a segundo plano, dejando la producción de plátano en el primero- quedará a más o menos cinco horas desde la salida de Bogotá en Sibaté.

Como el espacio para estas notas es limitado, después de mi visita a la aludida sección de la patria me limitaré a destacar lo que más me impactó. Ante todo y sin dejar de reconocer los éxitos logrados con el Parque del Café y el Parque de Panaca, digno de particular mención es el Jardín Botánico del Quindío y su atracción el mariposario, donde niños, jóvenes y viejos aprenden muchas cosas sobre la flora nativa, los insectos y, desde luego, las variedades de mariposas que pueblan la zona. Gracias al empeño y dedicación de Alberto Gómez Mejía, un profesional amante de las cuestiones relacionadas con el medio ambiente y fanático de su conservación; el departamento y el país entero cuentan con una obra que permite combinar con especial éxito ciencia, conocimiento, distracción y buen turismo.

rosgo12@hotmail.com
 

Gabriel Rosas Vega

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