EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
portafolio.com.co / opinión / columnistas / Gabriel Rosas Vega
No quiero hacer el papel de ave de mal agüero, pero como van las cosas podemos estar corriendo el riesgo de quedar en el peor de los mundos: brote inflacionario, tasa de cambio revaluada y, disminución del ritmo de crecimiento de la economía. Cada uno por su lado es un problema serio, pero los tres juntos se convierten en un mal de incalculables proporciones. De ahí la urgencia de ponerle coto al fenómeno, pues nos estamos jugando unas cartas que pueden ser peligrosas.
Aunque la reflexión es obvia y no creo que alguien la cuestione, las soluciones no lo son tanto, pues algunos de los componentes de la figurada ecuación muestran características diferentes y, sobre todo, algunos son totalmente nuevos. Me explico; el incremento de los precios, por ejemplo, se debe no solo a presiones de demanda ocasionadas por aumentos en el ingreso, por expansión del crédito o por pérdida de cosechas a causa del crudo invierno, sino a mayores costos de los suministros, ocasionados por la elevación de los precios de los alimentos en el exterior, debido a la sustitución de bienes, antes utilizados como de consumo final y ahora convertidos en materias primas para la producción de biocombustibles. Es un hecho que en el libreto de las soluciones no aparece por parte alguna este último caso, motivo por el cual las autoridades no están preparadas para enfrentarlo de la mejor manera posible.
Empero, las cosas no paran ahí; el espectacular aumento de los precios del petróleo, que parece no tener fin, se erige en un obstáculo serio para encontrar debida curación a los males. Estoy seguro de que ni al más avezado de los analistas se le pasó por la cabeza que a estas alturas del partido, la cotización del hidrocarburo andaría por los 138 dólares el barril.
Cambiando de tercio, el caso de la revaluación se coloca en el terreno de los especiales. Hasta hace poco tiempo los ajustes a la tasa de cambio se asociaban con la política fiscal, las tasas de interés y hasta con controles administrativos; en la actualidad, por supuesto, tienen que ver con la política fiscal, pero también con la desaparición de la hegemonía del dólar en los mercados financieros. Sin duda, el poder de la moneda americana se ha diluido, y es un hecho, que en los años por venir el antiguo señor todo poderoso tendrá que compartir su puesto con otros protagonistas de la vida económica mundial -el euro, la moneda china y las monedas de otros países, deberán tomarse en cuenta a la hora de las decisiones financieras, pues no habrá una moneda única de reserva. Evidentemente 'el equilibrio de los riesgos en la economía mundial se ha desplazado'.
En el campo de las cuestiones políticas y sus indisolubles vínculos con los temas económicos, no se pueden pasar por alto los acontecimientos que están ocurriendo en Venezuela y el espectacular incremento de nuestras exportaciones. Por pura sospecha y sin tener forma de comprobarlo, me atrevo a decir que en el movimiento del comercio hay algo que no está funcionando bien en ese mercado. Como bien lo anota en un excelente artículo Silverio Gómez, cuando hace alusión a lo que dicen quienes definen la política: "la caída en el consumo interno está siendo amortiguada por las ventas al exterior, pese a la revaluación", en esto hay que tener cuidado. Una revisión puntual de las exportaciones a Venezuela comprobó que Colombia exportó 12 millones de dólares en fríjol blanco. ¡Y Colombia no lo produce! ¿Será que por el afán que tienen los venezolanos de salvar sus capitales de la avalancha chavista, incluyen la sobre facturación como una forma de solución? Bien vale la pena averiguarlo.
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