EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Procurando darle la mejor utilización al espacio asignado a estas notas, aprovecho la ocasión para aludir a dos temas relacionados con el sector agropecuario: la reacción de los agricultores mexicanos a la aplicación de la cláusula de desgravación total de las importaciones de productos agrícolas de E.U.; y las posibilidades que tiene Colombia de ampliar los beneficios con la producción de etanol y biodiésel. Apenas ahora, cuando se cumple el plazo que pone en vigencia la desgravación plena dentro de los términos del TLC, los productores del país azteca caen en la cuenta de que aún no están preparados para cumplir tan crucial compromiso. No fueron suficientes 15 años para lograr la reconversión sectorial; necesitan un lapso más amplio. La gran disculpa es que el Gobierno no cumplió los compromisos adquiridos y los recursos asignados siempre fueron cortos con respecto a las necesidades. Además, el desarrollo tecnológico no produjo los resultados esperados; la infraestructura continuó rezagada y, en general, no se dieron las condiciones indispensables para competir con la producción estadounidense. Por eso, hay que protestar en forma airada y pedir el imposible de una renegociación del convenio. Si un país en las condiciones en las que se encuentra México, no es capaz de reconvertir el sector agropecuario en 15 años, qué esperanza pueden abrigar economías limitadas en recursos y poco aplicadas en estos menesteres de la planeación del desarrollo. Muy pocas. Aspiro a que de esta reseña derivemos alguna lección, pues nuestros compromisos son idénticos a los de los 'manitos'. Dice el Ministro que la amenaza sería válida si la frontera agrícola no tuviera posibilidades de expandirse. El argumento no aplica en Colombia, anota, porque el país cuenta con 40 millones de hectáreas subutilizadas en ganadería extensiva y rastrojo. Estas pueden ser reconvertidas a cultivos como materia prima para biocombustibles: palma, caña, higuerilla, yuca, madera, etc. Serían siembras adicionales que generan muchos más empleos en el campo. Qué bueno fuera que las cosas en este bello país funcionaran como uno se las imagina o como se contemplan en los estudios. Ningún motivo habría para preocuparse. Lo malo es que concretar el ideal es muy costoso y se toma más tiempo del aconsejable. ¿Si los problemas son los mismos y circunstancias actuales son idénticas, por qué esperar o creer que de la noche a la mañana la situación puede cambiar en forma radical? Esa es la razón de mi duda y la invitación a que pongamos los pies sobre la tierra.
Pasando al otro tema y procurando no quedar matriculado en la calificación de ave de mal agüero que le endilga el Ministro de Agricultura a quienes no están de acuerdo con sus opiniones, entre otras razones porque en esencia creo en las bondades que para el desarrollo del sector agropecuario tiene la producción de biocombustibles -después de la revolución verde de los años setenta, esta es la mejor oportunidad- , dentro del optimismo y las expectativas favorables que en mi ha despertado esta opción, debo anotar que hay algo en el escenario que me causa enorme inquietud, en particular porque la experiencia me indica que los obstáculos en el caso del agro son difíciles de vencer. Me refiero a la amenaza que representa la producción de estos bienes en la seguridad alimentaria.
Desde la época en que ocupé el cargo que hoy desempeña el joven funcionario, el tamaño de la frontera dedicada exclusivamente a la producción agrícola se ha mantenido entre 3, 8 y 4,6 millones de hectáreas. A pesar de los deseos de ampliar el espacio disponible, los costos de adecuación, el mal uso de la tierra utilizada, la falta de políticas apropiadas y problemas de rentabilidad han conspirado en contra de los buenos propósitos.
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