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Emilio Sardi

Publicidad engañosa

Publicado el 24-04-09

Es posible que, aunque optimistas, se realicen las expectativas del presidente Obama sobre el inicio de la recuperación de la crisis económica que hoy vive E.U. Lamentablemente, no necesariamente sucederá lo mismo con la colombiana, pues sus causas son otras.

La actual crisis de la economía mundial es la mayor en 80 años. A pesar de las manifestaciones de que estábamos blindados contra ella, está empezando a afectarnos, pero no lo hará tanto como a las economías desarrolladas, pues nuestra mano de obra atiende predominantemente el mercado interno. Cercanas a un 20% del PIB, nuestras exportaciones son altas, pero limitadas básicamente a minerales y bienes primarios. Su caída no afectará tanto el empleo como las de los países exportadores de bienes manufacturados. Y además, muy protegido, nuestro sector financiero seguirá ganando sumas extravagantes.

La verdad es que la recesión colombiana no ha sido causada por la mundial. La nuestra se verá acentuada por ella, pero se inició antes y fue gestada localmente. Su creación es fruto exclusivo del talento nacional.

Desde el 2007 empezaron nuestros genios a decir que era muy
peligroso que el país creciera mucho. Y hace un año algún director del Banco de la República salió a afirmar que los colombianos no debían endeudarse. Y para hacer peligroso ese endeudamiento, el Banco subió las tasas de interés a niveles absurdos. Y mientras todos los bancos centrales del mundo reducían sus tasas, el nuestro, muy 'inteligentemente', siguió subiendo las suyas. Y lograron su fin. Aunque en sus torres de marfil, cegados por sus nubes de teorías, nuestros economistas no esperaban las cifras del cierre del 2008 del Dane, cualquier colombiano de los que trabajamos les hubiera podido contar que ya habían acabado con el crecimiento.

Uno de los efectos de las afirmaciones y actuaciones de los directores del Emisor fue destruir la confianza y generar una gran aversión a endeudarse. La vivienda no se vende de contado y, como consecuencia, la construcción empezó a paralizarse. Como ella es el gran motor de la actividad económica colombiana, ya en el segundo semestre del 2008 estábamos en recesión.

Por eso, es plausible que el Gobierno, saliendo de su letargo, hable ahora de incentivar la construcción. Esa es la chispa necesaria para iniciar la reactivación de nuestra economía. Y el anuncio de que mediante un subsidio se rebajaría la cuota mensual hasta en un 30% (hasta en 37%, han afirmado) hizo pensar que había un plan que podría iniciar la recuperación de la construcción y con ella, la de la economía. Vanas ilusiones. El anuncio era mera publicidad engañosa: la rebaja de la cuota del préstamo de vivienda de 70 millones de pesos a 7 años es apenas un 13%, y cae a un 8% en la del tope. Y para la VIS no hay nada, porque el subsidio a los intereses vale menos que el que recibe actualmente y no es acumulable.

Esas miniofertas no son suficientes para modificar el comportamiento de los consumidores. No van a generar compradores adicionales, y ese dinero simplemente les lloverá a los que ya habían decidido comprar. La confianza es el combustible de la economía, y se necesita mucho más que 200 milloncitos de dólares, a plazos, para que los consumidores la recuperen. ¡Sean serios, por favor! Krugman recomienda que, para los planes de reactivación, "calculen cuánta ayuda necesita la economía y añádanle el 50%". En este caso se requiere muchas veces eso.

Habiendo definido, como la lógica indica, que la reactivación de la construcción debe liderar la recuperación de la economía, no tiene sentido que el Gobierno busque hacerlo con medidas sin el impacto requerido. Estas deben ser agresivas, claras y suficientes.
Y no deben usar publicidad engañosa. De golpe los multa la Superintendencia de Industria y Comercio, como es su deber. 

Emilio Sardi

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