Según el comunicado de prensa del Banco de la República después de la sesión de la junta directiva del viernes pasado, este año la inflación podrá estar incluso por debajo del 3%, y además la meta del 2010 será igual a la del largo plazo, centrada en el mismo 3%.
Lo de este año era altamente previsible, pero la declaración sobre la meta del 2010 es bien contundente y algunos observadores del mercado financiero la han calificado incluso de 'agresiva. Si bien el banco central reconoce que este comportamiento de los precios internos coincide con una notoria debilidad de la demanda interna e internacional de bienes y servicios, hay un definido aire de satisfacción de las autoridades monetarias: por una parte, se atreve a afirmar que hay condiciones para que "en lo sucesivo" se logre el objetivo de largo plazo de la inflación. Y por otra, advierte una vez más que "una inflación baja y estable es la mejor contribución que puede hacer la política monetaria al crecimiento sostenido de la economía y el empleo y a la competitividad nacional".
Como es usual -y tal vez necesario- entre banqueros centrales, el Emisor maneja una buena dosis de lenguaje críptico a la hora de explicar sus acciones y sobre todo de otear el futuro. Y es entonces cuando el cronista debe leer entre líneas, a riesgo de no interpretar correctamente las palabras de la Esfinge. Intentémoslo. Es legítima la satisfacción del Banco con el resultado de precios.
Además, en esta ocasión, cuando crece la preocupación por los daños de la revaluación del peso, el banco reclama que, para la 'competitividad', el empleo y el crecimiento, lo mejor es una inflación sostenible y esperable del 3%, así este logro coincida con un absurdo 'endurecimiento' de la divisa colombiana. No se puede afirmar que la revaluación haya sido el costo de alcanzar la meta de inflación. Pero sí es cierto que la autoridad monetaria colombiana ha resistido todas las presiones para intervenir en el mercado cambiario de un modo tal que se amenace el cumplimiento del objetivo de inflación. En ésta y en sus últimas declaraciones, el Banco de la República parece confirmar sus previsiones del Informe sobre Inflación de junio de 2009, en varios aspectos importantes.
Uno, cree que el ambiente de la economía mundial será de una lenta recuperación de la demanda y que las exportaciones colombianas sufrirán el impacto de ese proceso. Por esta vía, los precios internos tendrán una presión a la baja.
Dos, cree que el sector financiero no será en los próximos meses un agente importante de reactivación del consumo interno.
Tres, cree que las restricciones comerciales impuestas por Venezuela y Ecuador tendrán un fuerte impacto recesivo en el crecimiento económico y especialmente en la actividad manufacturera.
Cuatro, cree que el fenómeno del 'Niño' producirá alzas en los precios de los alimentos (y en el IPC) en los dos primeros trimestres del 2010, pero que las cosechas del segundo semestre diluirán cualquier impacto inflacionario neto en el periodo anual.
Y cinco, cree que todos estos hechos no tendrán un efecto neto hacia la depreciación del peso la que, a su vez, generaría presiones inflacionarias que podrían amenazar la meta de inflación.
Más bien el Banco se ha cuidado de pronunciar palabra alguna que sugiera un propósito de 'rescate' de la tasa de cambio. Todo lo que dice su comunicado del viernes es que la provisión de liquidez de fin de año se hará principalmente "mediante la compra de dólares y de TES por tres millones de millones de dólares". Lo demás queda para la interpretación de los exégetas.
cgonzalm@cgm.com.co
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