Los hechos están obligando al Estado norteamericano a redefinir los mercados monetarios, bancarios y financieros de ese país y, en buena medida, del resto del mundo. Las opciones son claras: o el Estado (Gobierno federal y banco central) logra reunir los recursos financieros, políticos e institucionales para enfrentar la crisis de solvencia y de confianza que se ha apoderado de Wall Street, de la banca gringa y del mercado hipotecario, o la lógica de los mercados hace su trabajo y produce los ajustes, las quiebras, la Gran Depresión y el dolor social que se necesitan para que la economía pueda arrancar de nuevo, libre de polvo y paja.
Todavía hay halcones ultraconservadores (es decir, creyentes a pie juntillas en la 'libre empresa' irrestricta) que preferirían una alta dosis de todo ello, para que el principio 'libertario' no sufriera mayores roturas, y para que la sociedad aprendiera la lección y no lo vuelva hacer. Cuando ocurrió el voto negativo en la Cámara de Estados Unidos sobre el Plan de Rescate propuesto por el Gobierno, algunas voces de ese tono extremo se escucharon en el capitolio de Washington.
Pero la tradición gringa está más bien en el otro extremo. Desde 1929 es amplia la experiencia de la intervención estatal ante situaciones de crisis sectoriales que han amenazado la estabilidad del sistema. Por ejemplo, el desplome de las Asociaciones de Ahorro y Préstamo a finales de los ochenta llevó al Tesoro Federal a invertir, en términos comparativos, más de los 700 mil millones de dólares propuestos en el Plan que finalmente fue aprobado en el Congreso la semana pasada. La Resolution Trust Corporation, RTC, fue el vehículo usado entonces para adquirir un enorme inventario de bienes raíces que después fue vendido paulatinamente. Con plata pública se restableció el orden en el mercado de bienes raíces. El episodio tuvo grandes costos, pero es cierto que el Tesoro recuperó buena parte de los fondos usados en la intervención inicial.
La diferencia, ahora, es que el Secretario del Tesoro recibió personalmente atribuciones ilimitadas para gastar los fondos aprobados.
No obstante, es probable que una de sus primeras decisiones sea la de ordenar la creación de una o de varias instituciones encargadas de instrumentar la estrategia, al estilo de la RTC (o de la Cisa colombiana).
No se puede predecir el costo fiscal del programa de rescate y de los demás compromisos que han adquirido las autoridades monetarias y financieras. Sin embargo, mucha agua ha corrido bajo el puente en los últimos días, y la crisis parece crecer de modo exponencial. Tanto es así, que ayer la Reserva Federal anunció una medida realmente insólita para un banco central independiente: decidió que entrará a adquirir pagarés con plazo de tres meses emitidos por empresas no financieras. El mercado de estos pagarés (commercial paper) es un instrumento fundamental del financiamiento a corto plazo de empresas de gran tamaño.
Dicho mercado ha sido una de las grandes víctimas de la crisis: Los compradores de esos papeles prácticamente han desaparecido por miedo a la insolvencia de los emisores, con lo cual se amenaza el propio funcionamiento rutinario de muchas corporaciones.
Los préstamos directos al sector privado son absolutamente prohibidos en las operaciones de los bancos centrales. No obstante, la FED sí tiene las atribuciones para hacerlo, y ha tenido que entrar en un terreno hasta ahora no recorrido por el banco central gringo.
Esta excursión a parajes altamente peligrosos por parte de la Reserva Federal, y hechos como la nacionalización de las grandes entidades hipotecarias, Fanny y Freddie, están transformando drásticamente el escenario institucional. El pragmatismo es amo y señor en estos días de agitación.
cgonzalm@etb.net.co
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