En medio del fragor y la hediondez de tantas revelaciones, acusaciones y confesiones, de tan intenso intercambio de limo pútrido entre 'personajes de la vida nacional', a uno le provoca fijarse más bien en los horizontes lejanos, así sea por un rato. Y eso es lo que hago hoy.
La demografía será determinante en el desempeño de la sociedad y de la economía mundiales en las próximas décadas. Los informes periódicos de Naciones Unidas, que son las fuentes principales de esta nota junto con la edición de 2008 de Pocket World in Figures, publicado por la revista The Economist, indican que la población mundial crece cada vez menos y es cada vez más vieja.
La población de los países ricos ya se encuentra en una etapa avanzada de envejecimiento, mientras que los países pobres todavía verán, durante las próximas tres o cuatro décadas, un fuerte aumento de la población en edad de trabajar.
En esa perspectiva, los movimientos humanos entre fronteras tendrán mucho que ver con las crecientes huestes de jubilados en el mundo rico y con la dinámica de la población joven en el mundo pobre. Las fuerzas y los estímulos de la migración internacional serán incontenibles.
En todas partes, el número promedio de hijos de cada mujer está disminuyendo notablemente, y la expectativa de vida solo disminuye en los países más pobres y azotados por la endemia del Sida en el sur de África.
El aumento de la expectativa de vida es crucial en el desempeño de la economía.
Desde el punto de vista de los riesgos, el envejecimiento de la población es un desafío al financiamiento de los sistemas de pensiones y de seguridad social en salud; entre los ricos la cosa ha pasado de castaño oscuro. Hay que prever allí una baja del crecimiento económico y las tasas de ahorro se reducirán sustancialmente.
Se proyecta que el crecimiento de la población mundial va a caer del 2 por ciento anual en el presente, a 0,3 por ciento en 2050.
Entonces los niños de menos de 15 años sumarán el 20 por ciento de la población. Hoy ese porcentaje es 30 por ciento.
En el otro extremo, la proporción de personas mayores de 65 años, que hoy es el 7 por ciento, llegará al 16 por ciento en 2050. Los países de más bajo ingreso, que tenían el 8 por ciento de la población mundial en 1950, hoy son el 11 por ciento y el número subirá al 19 por ciento en 2050.
En materia de envejecimiento de la población, el principal supuesto es que la expectativa de vida continuará aumentando. En los países pobres se espera que llegue a 74 años en 2050 (hoy es 64 años). En el mundo rico, se proyecta que llegue a 83 años.
Una implicación muy importante de todo esto es que el peso relativo de la población dependiente se va a mantener más o menos constante, pero su composición entre regiones del mundo se va a modificar sustancialmente.
El número de personas en edad de trabajar en el mundo pobre seguirá creciendo durante un par de décadas.
Por tanto, las políticas de lucha contra la pobreza extrema deberán ser tanto más eficaces. Los países más pobres tienden a registrar mayores tasas de crecimiento poblacional.
Y, por otra parte, las naciones pobres deberán combinar una estrategia de alto crecimiento económico, con una adecuada previsión de las condiciones que deberá tener el sistema de pensiones y de seguridad social en salud, cuando entren en las etapas más avanzadas de transición demográfica.
Más allá de los vergonzosos disparos de lodo, a los 'personajes de la vida nacional' les tocará, más temprano que tarde, enfrentar las realidades demográficas, que ya se muestran en el horizonte de la historia colombiana.
cgonzalm@etb.net.co
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