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César González Muñoz

Reserva Federal en pie de guerra

Publicado el 26-03-08

Los banqueros centrales tienen que manejar una mezcla de virtudes, experiencias, 'espíritus animales' (diría JM Keynes), y los vicios propios de naturaleza humana. Cuando los banqueros centrales andan aburridos, dedicados a sus lecturas y a sus cogitaciones, normalmente el mundo del capital y del trabajo tiende a estar más tranquilo. En situaciones turbulentas (de los indicadores financieros y cambiarios y de los índices de precios) es cuando esos personajes tienen que mostrar sus competencias y habilidades. Es cuando la cartilla y las doctrinas tienen que convivir con el pragmatismo, la flexibilidad conceptual, la capacidad de escuchar, argumentar y comunicar.

Uno se pregunta: ¿estarán aburridos los miembros de la junta del Banco de la República de Colombia? Quién sabe...

Pero ese no es el tema de esta nota. Quienes definitivamente no son presa del tedio en estos días son los miembros de la junta de la Reserva Federal de Estados Unidos y, especialmente su principal ejecutivo, el señor Bernanke. La semana pasada, el Banco Central gringo dio muestras claras de que se la está jugando toda para impedir una crisis generalizada del sistema financiero, no solo el de Estados Unidos, sino a escala mundial. La FED abandonó los ajustes marginales de sus instrumentos monetarios y entró en una escalada de intervenciones masivas cuya evolución es impredecible. En todo caso, pasará mucho tiempo antes de que reine el aburrimiento en la sede de la Reserva Federal.

El resultado final de las acciones de la FED para tratar de calmar los mercados financieros es una gran expansión de la base monetaria y del crédito a determinadas instituciones. En algunos sectores de opinión experta se dice que el zafarrancho en que se ha metido la FED resuelve la mecánica inmediata de la provisión de liquidez a bancos urgidos de financiar sus propios balances con dinero nuevo, pero erosiona la confianza de depositantes y acreedores de los intermediarios financieros, y estimula las expectativas de inflación.

Esta posición de la política monetaria estadounidense genera un fuerte aumento de la liquidez internacional, en momentos en que la mayoría de los bancos centrales en el mundo quisiera más bien cerrar la llave. Los costos de esta política se ponen en buena medida sobre los hombros del resto del mundo: en las economías con tasas de cambio flotantes, mediante la revaluación de sus divisas, con su impacto colateral en la demanda interna y el crecimiento económico. Y en las naciones que mantienen un sistema de paridades fijas (China y otros asiáticos especialmente), por la vía de obligarlas a acumular activos financieros denominados en dólares.

Frente a la amenaza de un colapso financiero causado por las famosas hipotecas subóptimas, una Reserva Federal en plan de batalla podría entrar a comprar directamente grandes volúmenes de dichos valores. Es más, se dice que ha habido conversaciones con banqueros centrales europeos sobre la factibilidad de adquirir masivamente títulos respaldados con hipotecas. Puede ocurrir, mire usted hasta dónde podrían llegar los excesos innovadores de los banqueros en los países ricos.

Es necesario insistir en el impacto geopolítico de lo que acontece, probablemente ha llegado la hora en que Estados Unidos no le podrá seguir diciendo al resto del mundo: "el dólar es nuestra divisa y es su problema". ¿Podríamos ver un mundo en el que la moneda del poder hegemónico ya no sea la principal moneda de reserva a escala global? Bush parece desentendido hasta ahora. Pero los centros reales de poder en Washington van a tratar de negociar un acto de equilibrio que mantenga el predominio del dólar en las reservas monetarias del mundo, a pesar de su deterioro; esta no es tarea de banqueros centrales, sino de líderes políticos. 

César González Muñoz

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