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César González Muñoz

Palabras de la Esfinge

Publicado el 27-02-2008

La publicación de las actas de reunión de la junta directiva del Banco de la República es, sin duda, un progreso en la calidad de la información pública sobre lo que hace y pretende hacer la autoridad monetaria. Tiene otro elemento de interés: le da vida a la profesión de intérprete de esa nova lingua en que puede convertirse el idioma de las minutas de la junta. Ya sabemos que las minutas vienen cubiertas con un cierto manto de misterio, de generalidad, de prudencia extrema. No podremos esperar el uso de un lenguaje fácil y liviano. Siempre harán falta los intérpretes de la Esfinge, quienes, por otra parte, no se pondrán jamás de acuerdo entre sí.

De la falta de un lenguaje más comunicativo no se debe culpar a la junta ni a su secretaría: así ocurre con todos los banqueros centrales; cualquier frase que no quede bien puesta mueve con fuerza negocios y transacciones en la bolsa y en el sistema financiero, y desata una hojarasca de comentarios en Internet, que puede terminar haciendo un ruido inconveniente en el mundo de los negocios, en el propio banco central e incluso en la llamada 'economía real'. Aquí lo importante es que haya un balance adecuado entre la información y la prudencia.

Por mayoría (y no por unanimidad, lo que no deja de ser una señal), la junta decidió el 22 de febrero subir en un cuarto de punto porcentual (25 puntos básicos) sus tasas de interés de intervención; como se sabe, la mecánica de este movimiento implica que las principales tasas de interés en el mercado financiero subirán un poquito en algún futuro cercano. Pero la mecánica no es lo más importante: los intérpretes de la Esfinge afirman, correctamente, que esta, más que una medida mecánica, es un gesto, una muestra casi gratis de la voluntad que tiene el Banco de la República de utilizar las herramientas que tiene para tratar de meterle freno a la inflación, así la frenada deje marcas de menos empleo y menor crecimiento.

Mi intérprete de cabecera dice: "la atención de la Junta está puesta en los números de inflación que podrían registrarse a finales de este año o a mediados del próximo. El susto no se debe a las estadísticas que ya conocemos, sino a las que vendrán. Todos los indicadores se inclinan a mostrar que esos números serán más altos. Claro que no hay motivo para pensar que la inflación va a coger una cuesta empinada. Nada de inflaciones de dos dígitos, por ahora. Pero la junta sí puede perder el año en el sentido de no cumplir la meta que ella misma ha señalado de crecimiento de precios en el 2008 y su perspectiva para el 2009. Ya la meta del 2007 no se logró. Si la junta vuelve a perder el año, así sea por poco, va a perder al mismo tiempo su joya más valiosa y más rara: la credibilidad".

El acertijo que enfrenta el Banco de la República, y con él todos los bancos centrales del mundo, es que se ha iniciado una historia de altos precios de alimentos y materias primas. Esta alza de los precios relativos de los bienes primarios puede, por varios caminos, llevar a un alza generalizada y sostenida de precios.

A los productores les ha llegado un buen cuarto de hora, muy esperado y bienvenido, pero el impacto macroeconómico puede ser nocivo. Mi intérprete de cabecera tiene razón cuando duda mucho de que los bancos centrales sean capaces de enfrentar el problema, y mantener su credibilidad, a punta del solo manejo de sus tasas de interés y de las operaciones de mercado abierto. Veremos. La minuta sale la semana entrante.

César González Muñoz

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