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César Caballero

Treinta años

Publicado el 21-09-09

Treinta años es el tiempo transcurrido desde que los sandinistas llegaron, por primera vez, al poder en Nicaragua. Acababan de derrotar la dictadura de los Somoza. Eso fue el 19 de julio de 1979.
En ese periodo gobernaron por 11 años, el país vivió una guerra interna entre los sandinistas y los contras, que terminó en un acuerdo de paz; y luego del mismo convocaron elecciones para elegir presidente, las cuales perdieron y entregaron pacíficamente el poder. Ahora, luego de tres periodos presidenciales, ganaron en las urnas y están de nuevo en la jefatura del Estado.

Algunos de sus líderes más importantes ostentan hoy grandes riquezas. Dueños de cadenas de supermercados, bancos y grandes propiedades que antes fueron de la familia Somoza. Los diarios locales fustigan fuertemente al Gobierno y al Partido Sandinista. El tema más reciente es la autorización de extradición de un grupo de narcotraficantes pertenecientes al cartel de Sinaloa, no a Estados Unidos, sino a sus países de origen, México y Honduras, con lo cual, en el parecer del diario La Prensa, les permitirá penas más bajas.

También está presente el acuerdo entre el actual mandatario y el ex presidente Arnoldo Alemán, a quien la justicia de su país le encontró una caleta con cerca de 100 millones de dólares. Su pena ha sido difuminada, pero aún mantiene orden de captura en Panamá y Estados Unidos.

En las calles, al conversar con interlocutores casuales se percibe la sensación de una revolución frustrada, donde los cambios económicos y sociales prometidos no se dieron y simplemente se cambiaron los antiguos ricos, por otros nuevos, quienes antes vestían de verde olivo.

Este no es un año electoral, pero como en otras partes del mundo, los sandinistas sostienen que el Gobierno siempre debe estar en campaña, por eso en las calles y carreteras del país se ven vallas con la foto del presidente Ortega y frases como: "cumplimos 30 años cumpliendo" y "cumplirle al pueblo es cumplirle a Dios".

Sergio Ramírez, antiguo militante del Frente Sandinista para la Liberación Nacional, hoy consagrado novelista, en un libro sobre las memorias de la revolución Adiós muchachos, muestra su desconcierto y distanciamiento frente a los líderes del hoy partido político: "la gran paradoja fue que, al fin y al cabo, el sandinismo dejó como herencia lo que no se propuso: la democracia, y no pudo heredar lo que se propuso: el fin del atraso, la pobreza y la marginación".

No obstante, aún su legado democrático puede sufrir serios retrocesos. En Nicaragua también y debe ser, porque el mal ejemplo cunde, Daniel Ortega está buscando una reforma constitucional que le permita hacerse reelegir de forma inmediata. La corrupción, la politiquería y los ataques a la prensa están a la orden del día. El tono de los discursos ubica enemigos, no contradictores y quienes detentan el poder parecen estar dispuestos a usar todos los recursos del Estado para lograr el cambio en las normas que les permitan mantenerse.

Un gobierno en permanente campaña, políticos con caletas llenas de dinero en efectivo, corrupción, politiquería, intentos amañados de cambio de las normas y deseo personal de perpetuación en el poder a toda costa: parece conocido, sólo que en Nicaragua se llaman sandinistas.

ccaballero@cifrasyconceptos.com

César Caballero

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