La noticia es mala, pero era previsible. Lamentablemente es de esperar que en los frentes económicos y sociales no sea la última de este tipo.
El anuncio fue realizado por el Presidente de la Andi, con base en los resultados de la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta.
El sondeo muestra que el momento de mayor dinamismo de la industria se presentó hacia finales del 2007, cuando la tasa de crecimiento de la producción industrial empezó a desacelerarse.
Durante el 2008 la producción decreció en 3,1 por ciento. La utilización de la capacidad instalada refleja la misma tendencia. Su punto más alto fue en enero del 2007, cercana al 85 por ciento, y desde entonces ha venido disminuyendo, y hoy se ubica en 75 por ciento.
La desaceleración de la industria inició mucho antes de la crisis financiera internacional, pero es claro que ha venido agravándose en medio del contexto global.
La mayor contracción en las ventas se ha producido en el frente externo, donde los problemas políticos con Venezuela y Ecuador, como era obvio, han generado efectos económicos importantes.
Este año no parece razonable esperar mejoras en nuestras ventas industriales a ninguno de éstos dos países.
Estados Unidos, por la profundidad de la crisis interna tampoco será un gran demandante de nuestras exportaciones.
Por esto, las expectativas para este año no son muy halagüeñas.
Las proyecciones más optimistas sobre crecimiento económico del PIB para el 2009 se ubican en el 2 por ciento. No cuento las posiciones oficiales que insisten en una proyección de 3,5 por ciento, ello a la luz de los hechos y los datos existentes, parecen más deseos fantásticos que previsiones razonadas.
Los industriales también han mermado su optimismo. Hace un año, el 40,3 por ciento manifestaba tener mejores expectativas frente al inmediato futuro. Hoy sólo el 22,6 se mantienen así de optimistas.
A las malas noticias sobre el comportamiento de la industria pronto se sumaran la caída en las remesas, una disminución en la inversión extranjera directa, un menor valor de nuestras exportaciones. El volumen se puede mantener en bienes como petróleo y carbón, pero su precio caerá.
Todos estos factores ya se están sintiendo en el mercado laboral, donde el desempleo y el subempleo vienen subiendo y por lo mismo el consumo de los hogares se sigue resintiendo.
Hacia adelante, el frente fiscal se complicará aún más, pues menor crecimiento industrial y general de la economía significa caídas en los recaudos tributarios. Si el desempleo sigue subiendo, como es previsible, la consecuencia lógica es que una parte importante de los indicadores sociales también se deterioren.
En particular el de la pobreza por ingresos, cuyo comportamiento es una incógnita desde junio del 2006.
ccaballero@cifrasyconceptos.com
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