Es claro que la meta de inflación no será cumplida. Es el segundo año consecutivo en que ello sucede, pero la aceleración reciente es bastante fuerte. En cinco meses la inflación representa el 114 por ciento del rango superior previsto por el Banco, para todo el 2008.
Hasta el momento, los alimentos han sido el rubro que más ha impulsado la inflación en lo corrido del año: 9,74 por ciento, y dentro de ellos la inefable papa, ha crecido en un 135 por ciento.
Esto hace que los hogares de ingresos bajos sean los más afectados. Entre enero y mayo, han visto un incremento promedio de 6,56 por ciento, mientras los hogares de ingresos altos han sido afectados por una inflación de 3,51 por ciento. Pero no son los únicos, la llamada inflación básica también está por encima del nivel previsto.
El Banco de la República, en una nueva muestra de optimismo, asume que la inflación al final del año, deberá estar en 4,9 por ciento, por encima de la inicialmente prevista, pero inferior a la que ya tenemos acumulada. Es cierto que el segundo semestre presenta, normalmente, un ritmo inferior de crecimiento, pero esperar una caída de la inflación me parece poco realista. Las razones son varias:
Primero, el gracioso anuncio del Gobierno de hacer un recorte sobre sus sueños de gasto del año entrante, por 10 billones de pesos, no tendrá ningún efecto sobre la inflación de este año. Segundo, los efectos del invierno, que aún no termina seguirán sintiéndose en los próximos dos meses. Tercero, las vías que han estado cerradas o con tráfico interrumpido durante los primeros 10 días de junio generarán un efecto adicional sobre los precios al consumidor. Cuarto, el aumento de los precios del petróleo, y por ese efecto, de la gasolina y de los insumos agrícolas, seguirán trasladándose de forma inexorable al precio final de los productos. Quinto, el Gobierno distrital ya anunció la necesidad de realizar un aumento en las tarifas de TransMilenio, lo cual posiblemente sea seguido para el transporte público en esta y otras ciudades, lo cual genera un frente adicional de presiones inflacionarias.
Por estas razones, es previsible que la inflación siga siendo un dolor de cabeza para los colombianos. Si estuviéramos ante un Gobierno serio y responsable, oiríamos anuncios y veríamos acciones efectivas para recortar los gastos del Gobierno Central durante el 2008. Pero los anuncios fiscales más recientes nos hablan de aumentos en primas y bonificaciones para funcionarios públicos y en el deseo 'político' (pues dudo de su viabilidad técnica) de ampliar la cobertura de los hogares subsidiados de 1,5 millones a 3 millones, de tal forma que los humildes beneficiarios, contribuyan en su momento con su voto.
Los costos éticos de la reelección son más que claros, pero eso al grueso de los dirigentes parece no importarles. Los económicos ya los empezamos a sentir, la inflación es uno de ellos, luego vendrá un menor crecimiento de la economía y finalmente el aumento del desempleo y la pobreza.
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