Publicidad

Portafolio.com.co

EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.



Patrocinado por:
  • Opine
  • Imprimir
  • Enviar
  • Tamaño del texto

Anterior 2 de 50 en ColumnistasSiguiente

Carlos Gustavo Álvarez

Nostalgia de Cyrano

Publicado el 06-11-09

 Cuando era niño, había un momento maravilloso que pasaba los domingos. Mi mamá me regalaba una suma de monedas que ya no recuerdo, pocas, brillantes, de lujo, y yo me iba saltando como después lo haría "El Chavo del ocho" a comprar un bizcocho de Cyrano.

Era una pastelería situada en el lado sur de la Calle 22 con Carrera 16, del que fuera mi lindo Barrio Santa Fe, construido por Ospinas y Compañía con la misma belleza de La Merced, y al que una torpe decisión oficial convirtió en tierra de vicio y rameras.

Recuerdo que llegaba al lugar que presidía la imagen del espadachín con su nariz enorme, su sombrero floreado. Me atendía una mujer vestida de ponqué. Delantal, cofia. Y en el mostrador la sabrosura de la vida resumida: Biarritz, Triángulo de Chocolate, Milhojas, repollas y la estrella: el Cyrano de chocolate. Yo accedía al tesoro y me iba comiendo por la calle, poseído por una felicidad que era la misma infancia.

Cyrano era un sitio emblemático para quienes vivimos en ese bello sector de la ciudad, antes que nos desalojaran el tráfico y la mala vida que lo poseyó. Cyrano. Casi tan importante en la Calle 22 que hoy es un muladar, como la Surtidora de Aves original, La Barra y más arriba, El Cometa, la panadería San Isidro, la avena en la esquina de la Séptima, la casa de Manuel H. y el Teatro México.

Cuando lancé mi adolescencia por las calles del centro de Bogotá, siempre encallaba en un Cyrano. Para comerme un Biarritz con un kumis, porque nunca se les dio por vender café con leche, que hubiera sido la gloria. Y allí estaban los Cyrano de la 19 entre quinta y sexta, el de Las Nieves, el de la Calle 16 con Carrera 8, el de la Avenida Jiménez frente a la Gobernación de Cundinamarca, en la esquina de la Carrera 10 con Calle 16 y otros oasis perdidos en mi memoria, excepto el de la Calle 63 con Carrera 13, en Lourdes.

¿Cómo olvidar las camionetas azules con el logo blanco sobre fondo rojo que distribuían la ambrosía?

La ciudad creció y cambió. Cyrano, no. Se fue quedando y cerrando locales. Yo me dirigía automáticamente al lugar de Las Nieves o al de la Calle 19, pero ya no estaba Cyrano. Ni bizcochos, ni kumis. Nada. Renació ubicado en los Home Center, a los que acudimos sus adoradores, fieles a la costumbre de ese bizcocho proverbial. Que siguió desarrollando el mismo esquema, ahora insuficiente para la feroz competencia de OMA, Juan Valdez y su torta de zanahoria, Joyce...

Siempre me he preguntado por qué no evolucionó ese negocio con tan evidentes ventajas y tantos y tan inesperados admiradores. Por qué no se adaptó a otros tiempos y costumbres. ¿Por qué nunca se relacionó con el café, como lo hizo, por ejemplo, El Cometa?

No quisiera sentir que se encamina hacia la desaparición. Porque con Cyrano se iría una parte de mi vida, tan grande como la nariz del sonriente espadachín, un recuerdo de chocolate en la ciudad perdida de ponqués, pasteles y algo más.

cgalvarezg@gmail.com

Carlos Gustavo Álvarez

PUBLICIDAD

Contáctenos

*
*
*

Nota Este dato lo necesitamos para confirmar su identidad en nuestra base de datos y poder hacer un seguimiento a la respuesta que le damos, no será usado con ningún otro fin.


*
*