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Carlos Gustavo Álvarez

Imagina que no desperdicias la comida

Publicado el 25-09-09

Imagina que vas a un restaurante, a una barra de comidas. Que pides un menú completo. O que tomas una bandeja y depositas en ella todas las opciones que te brinda un bufé.

Imagina que te sirven o te sirves bastante. Como si fuera tu última comida. Y que tus acompañantes hacen lo mismo y que la abundancia bendice tu mesa. Y que piensas que tienes lo que te mereces y lo que corresponde al dinero que pagas.

Imagina que comes y comes. Imagina que algo no te gusta o que de repente, quedaste lleno. Que tus ojos fueron más grandes que tu estómago. Imagina que tu pecado es la gula.

Imagina que te da pena pedir una bolsa y que te empaquen lo que ha sobrado. Para ti o para entregarlo a una persona que encontrarás a pocos metros de tu bienestar, y que puede llevar días y días sin comer un bocado digno. Que sólo puede consumir lo que saca de la basura.

Imagina que dejas en tu mesa lo que no te comiste. O que arrojas a la basura la comida en buen estado. Sin probarla, acaso mordisqueada.

Imagina que te mira una persona con hambre. Imagina que llora. O que siente rabia. Porque esa comida la devorarán los cerdos. O será botada, desperdiciada. O que a lo mejor, tendrá la dicha de comerse la bazofia.

Imagina que tú no sientes nada. Porque no has matado a nadie, no has robado a nadie. Y sigues tu vida. Hasta otra comida.

Imagina lo que te voy a contar. Se calcula que 1.000 millones de personas sufren hambre en el mundo. Lee bien: sufren. En Estados Unidos, cada año, eso que tú acabas de hacer representa botar a la caneca 50 millones de toneladas de alimentos. Por cada libra de comida consumida, otra termina en la basura. Imagina ese desperdicio, aquí, en Colombia. Donde pensamos que comer bien es comer mucho. Imagina la cantidad de gente hambrienta, de niñas y niños que sufren de hambre en tu país.

Imagina ahora que decides cambiar ese comportamiento. Que entiendes que el hambriento y tú viven en el mismo mundo. Y modificas tu manera de concebir lo que comes y la forma como desperdicias el alimento.

Imagina que tomas lo que consideras que te puedes comer. Nunca, jamás, lo que vas a despilfarrar. Y que si queda comida en tu plato, intacta o sin probar, vas a buscar que llegue a una persona con hambre.

Imagina que los restaurantes, el Gobierno y la empresa privada te ayudan a que no desperdicies la comida. Y que se monta una campaña en ese sentido. Y que hay elementos y procedimientos para no malgastar la comida que no te comes. Y darla a personas, a niñas y niños con hambre.

Imagina que así procedes. Y que te sientes bien. Responsable. Consciente de que estás construyendo otro mundo. Que has contribuido a romper la cadena del hambre. Que estás deteniendo la octava plaga: el desperdicio. Y que enseñas eso a tus hijos. Que es tu forma de vida.

Ya es la mía.

Imagina que 1.000 millones de personas nos lo van a agradecer.


* He tomado el recurso de esta estructura, del texto que en la voz de Julio Sánchez Cristo, y a través de 'La W', promueve la justa campaña a favor de El Salado.

cgalvarezg@gmail.com

Carlos Gustavo Álvarez

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