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Carlos Gustavo Álvarez

Vacaciones escolares: ¿y el Estado?

Publicado el 12-06-09

Acudí al apartamento de mi amigo Anafonías, como respuesta a una llamada que sonó a petición de auxilio. Abrió la puerta su hija Sofía, con una cara larga como una semana sin sopa: ahí estaba pintada la adolescencia. Le pregunté cómo se encontraba y me respondió:

--Aburrida.

Y me dejó solo en la sala, alegando que en cualquier momento su padre aparecería, pues seguía redactando una carta. Anafonías irrumpió a los pocos minutos, blandiendo un memorial y vociferando incoherencias...

--Es una queja para la Ministra de Educación --me dijo, agitando el papel--. ¡No hay derecho a que nos hagan esto! ¡Tienes que denunciarlo en tu columna!

Pensé que era un poco tarde para cualquier reacción. ¿Nos íbamos a quejar al Ministerio a estas alturas por la forma en que fuimos educados?

--¿Cómo mandan a estas muchachitas dos meses y quince días a vacaciones?

--A ver, Anafonías: hay que aplicarle un poco de sentido común al merecido descanso de nuestros hijos, luego de un difícil período de estudio, sólo quincenalmente interrumpido por las jornadas pedagógicas y la semana cultural. Tomas unas vacaciones en el trabajo y te vas con tu familia a descansar.

--Listo --dijo Anafonías--. Parece un principio enunciado por Kung Fú, a quien la vida se le escapó de las manos. De una mano, más exactamente. Tomo las vacaciones y son 15 días. Porque unas vacaciones de dos meses y 15 días se las toman únicamente los ricos o los que pueden perder su trabajo. Recuerda que pertenezco a la clase media.

Pasó luego a explicarme que pedía a la Ministra de Educación una acción conjunta del Gobierno para afrontar las vacaciones escolares y resolver el problema de no saber qué hacer con los hijos durante 75 días. Por tiempo, por plata. El primero, porque se necesitaba para trabajar y la segunda, porque se demanda para pagar la matrícula del nuevo año y los útiles escolares.

Abogaba por una acción que integrara a los ministerios de Cultura, Comercio, Educación, Turismo, las alcaldías, los clubes, las cajas de compensación... "Debe establecerse una política de Estado para las vacaciones escolares y que estas sean parte de la educación y no dependan únicamente del bolsillo de los papás", remató.

Fue en ese momento cuando apareció nuevamente Sofía, Sofi' o So', como le dicen las amigas, con la capacidad del lenguaje juvenil para apocopar. "Estoy aburrida", dijo.

Anafon' relató, en el límite de la desesperación, que se levantaba a las 11:00 a.m. y que pasaba el resto del día y de la noche como una zumbambica, pegada a Facebook o programada en el Twitter, conectada al Ipod, enchufada a la TV y acoplada al ejercicio de la telefonía ilimitada. Esa rutina podía interrumpirse dejándola salir a la calle con grupos de amigos que estaban en esas o en peores condiciones. "Pero la calle, como el diablo, es puerca", dijo Anafo' a So'. Algunas amigas habían preferido perder algunas materias, con tal de quedarse otro ratico en el colegio, "recuperando", y no irse para sus casas a hacer nada.

No sé si mandó la carta. No sé si le contestaron. Este Anaf'... 

cgalvarezg@gmail.com

Carlos Gustavo Álvarez

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