Luego de remontar las interminables mesetas nórdicas desde su fiordo en el lejano condado de Finnmark, el profesor y científico Sofonías Sven Tutasson llegó al aeropuerto de Oslo prácticamente en estado de hibernación. Se sometió a un proceso de descongelación en una máquina dispensadora de hervor y esperó pacientemente a que llegara el visitante colombiano, que le había solicitado una cita para enterarlo personalmente de la realidad nacional. Cuando arribó, intercambiaron las rutinarias cortesías y tomaron el viaje de retorno. Casi no llegan a la septentrional Vadsø.
-Es la debacle- dijo el visitante, acomodado frente a la chimenea, protegido del gélido aire del amanecer.
Sven, a quien para efectos del relato llamaremos Sven, no podía creer lo que escuchaba. Miles de personas habían sido estafadas mediante el sistema de 'la pirámide'. Hipotecaron sus bienes y asumieron deudas impagables, para obtener riqueza fácil, rápida y efectiva. Hoy protagonizaban disturbios contra el Gobierno, al que reclamaban el pago del dinero perdido.
-Es que, definitivamente, este mecanismo de 'la pirámide' está hecho para tumbar a la gente- dijo.
-No, necesariamente- acotó Sven. Me he aplicado al estudio de 'la pirámide'. Y hoy puedo dar a conocer al mundo el enunciado de la primera, la única pirámide en la que nadie pierde y en la que todo el mundo gana. Se llama 'La Pirámide Colombia'.
El visitante lo miró con incredulidad. La vida en estas latitudes afectaba la salud mental de Sven...
-No estoy loco- dijo Sven. Mi pirámide permite que Colombia sea un gran país y que todos sus habitantes se unan alrededor de propósitos comunes. Ah, y no colapsa con la desconfianza: es una generadora de confianza.
Y explicó así el asunto: "'La pirámide Colombia' tendría 12 niveles.
Cada persona se encargaría de conseguir cinco referidos y comprometerlos alrededor de cinco acciones ineludibles y permanentes: trabajo honrado reconocido y valorado por el Estado; ejercicio de la ciudadanía con un componente básico de responsabilidad social y veeduría sobre los gobernantes; solidaridad (la gente tendría lo justo y ejercería esa equidad con sus semejantes); sentido de la convivencia, es decir, aprender a vivir en comunidad; y por último, educación de calidad para todos.
Cada persona multiplicaría el mensaje por cinco".
Sven respiró satisfecho y terminó: "En el undécimo nivel tendríamos más que cubierta a Bogotá y en el duodécimo excederíamos al país".
-¿Y la ganancia?- indagó el visitante, haciendo el signo de dinero con el chasquido de sus dedos.
-¿Cómo que 'la ganancia'? Evidente: un mejor país, todos sus habitantes convertidos en una comunidad real, ¡la unión bajo principios de solidaridad y progreso! El visitante hizo una expresión de aburrimiento. "Ay, qué pirámide tan jarta, Sven. ¿Crees que pasaríamos del primer nivel?".
carlosgustavo.alvarezg@etb.com.co
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