Tiempo sin ver a 'El Pote' Gutiérrez. Cuando aparece de la nada, me va levantando con un abrazo y me estampa un beso oloroso a Oso Yogui enrazado con Shrek.
-¿Pote?
Era una agradable masa con tendencia a la redondez, que compartió conmigo muchos años del bachillerato feliz y sobrevivió a la trigonometría del profesor Taborda (y a Taborda), al Castellano de 'Frijolito' y a las misas de gallo que entonaba en latín el padre Montoya.
-¿'Pote'? -me contestó-. Ay, papito, eso era antes. Llámame 'Flor de lis'.
Como soy un tipo inteligente, con una alta capacidad de razonamiento abstracto y diestro en el pensamiento asociativo, rápidamente contesté a 'El Pote':
-No entiendo, Pote.
-A ver -se pavoneó con una media vuelta torera-: lo único que me queda de 'Pote' es la mamera de encontrarme con mis compañeros de bachillerato. Porque, como ves, nada de grasa ni aquí... ni...
-Entiendo.
-Y en cuanto a 'Flor de Lis', es mi nombre, digamos, artístico. Lo adopté mucho antes de ser un activista del movimiento LGBT.
-Pero poteflordelis: la flor mencionada es, en la heráldica, quiero decir, símbolo de reyes..., varones, tú sabes... La máxima licencia de su uso se la tomó el movimiento scout. A menos que los del movimiento Ymca piensen otra cosa...
-Ay, mono divino y tontín: acabas de clasificar en la antología de perlas homofóbicas que reunió la divina Florence. Pero, bueno, ya: me mamé de ser macho y de vivir pegado del pipí. Salí del closet y soy feliz, flor de lis, por su poder aromaterapéutico.
-Claro, flor de pote, digo, de lis. O sea que eres... algo así como ¿un esteta?
-Corazón mío: ahí estás pintado. Sigues pegado a la pureza del lenguaje. No en vano fuiste el mejor alumno de 'Frijolito'. Pero no, esteta, no: esteticista. Y de todas las terapias, escogí la de los aromas.
-¿Por qué? ¿Hay más?
-Masoterapia, chocolaterapia, mesoterapia, maderoterapia, risoterapia, auriculoterapia... Ni para qué te las enumero.
-¿Y a eso te dedicas?
-A ver: cuido las pieles más bonitas de Bogotá y estoy buscando una alianza con Marlon Becerra para extenderme por todo el país. Atiendo desde las manos, pasando por los glúteos...
-Ah, sí, la auriculoterapia...
El pote-flor-de-lis se me acercó y me dio un golpecito en el cachete.
-Monazo: lo dicho: tú vives en la luna desde que estábamos chiquitos -se quedó mirándome la piel-. Ay, mi madre, cómo la tienes de ajada. ¿No me digas que todavía eres de esos 'varones' heráldicos que no se aplican crema en el cutis mañana y noche?
-Pues es que a mí me da...
-Basta -me extendió una tarjeta-. Te espero en el consultorio. Te desnudas, te hago un masajito, una sesión de aromaterapia y aceites esenciales y te dejo la piel como un duraznito.
-Está bien. Pero los glúteos, otro día...
-Bobito. Chao.
-Chao, Pote... Flor de lis.
cgalvarezg@gmail.com
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