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Carlos Gustavo Álvarez

El día de una mujer liberada

Publicado el 14-03-2008

"El sábado fue el Día Internacional de la Mujer. Me lo celebraron el viernes durante la jornada laboral. Emocionante. Me contaron que la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, alivió una de las más tensas crisis diplomáticas de América Latina: "Quiero decirles que algunas escenas que por allí tocan ver, nos convierten a las mujeres, tal vez, en las personas más racionales", dijo.

"La mujer ha sido liberada de su vasallaje anacrónico. Cuando iba para la oficina detuve el carro en un semáforo. Mientras me maquillaba, revisaba mi correo electrónico y oía a Julito, un mimo se acercó para regalarme una rosa. Solo tuve que darle un billete de dos mil para que no me arrancara el retrovisor.

"Pero no fue la única que recibí ese día. Recursos Humanos me dejó otra. Bellísima. Estaba encima de una montaña de papeles. Levanté la rosa, encontré la nota: 'Evaluar documentos antes de las 3:00 p.m. Muy importante'. Pensaba salir a celebrar con mis amigas. No se podrá. Afortunadamente, soy previsiva. Traje almuerzo: ensalada de habichuelas esterilizadas y una rodaja de pepino.

"Hacia las cuatro de la tarde estaba a punto de terminar. Cada 30 minutos el jefe preguntaba: '¿Ya acabó?'. Contesté una llamada de mi hija. 'Felicitaciones', le dije. 'Gracias, mamá', respondió. 'Es un Día muy importante', agregué. 'Of cors -asintió-. Ya tenemos todo preparado'. Iba a decirle: 'Recuerda que conmemoramos la muerte de obreras que...'. Pero me interrumpió. ¿Bien por ellas -me dijo-. Pero te estoy hablando de la piyamada, ¿ah? ¿A ver? Va a ser donde Lalabé. Paulis y Mafe confirmaron. ¿Me recoges mañana? ¿Porfis?'.

"Salí de la oficina a las 8 y 15 de la noche. Llegué a la casa a las 9 y 27. Mi marido dormía. Dejó una nota maravillosa en la cocina: "Feliz Día, muñeca. Comí como tú. A ver si haces mercado, porque para eso aporto. Muá". Tenía hambre. Comí un pedacito de queso. Casi no me puedo quitar la pestañina, remover la base, aplicar el tratamiento anti-edad. Antes de dormirme, me pesé. Estoy subidita. Voy a tener que suspender el pepino. El timbre del celular sonó a la 1 y 20 de la mañana. Mi hija quería que fuéramos por ella. Ya. Le dije a mi esposo. 'Ve tú', contestó. 'Tú eres el papá', dije. 'Tú eres la mamá', respondió. 'Sí, pero tú eres el hombre'. Se cubrió con las cobijas y alcancé a oír: '¿Y?'.

El sábado me levanté tarde. A las 6 y 10 de la mañana mi marido me pidió que le buscara la raqueta. Después fue un fin de semana normal. Arreglar la casa, mercar, lavar el carro, depilarme, encerarme. Mi marido llamó al atardecer. El tenis lo había excitado. 'Ponte sensual -me dijo-. Porque estoy como un toro'. ¿Qué debía ser yo? ¿El torero o la vaca? El domingo trabajé en el portátil. Debía entregar un informe el lunes a las 7:00 a.m., después de ir al gimnasio. Ya encontraremos tiempo para celebrar".

Carlos Gustavo Álvarez

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