El otorgamiento del Premio Nobel de Economía a Elinor Ostrom ha sido destacado más por el hecho de ser la primera mujer en obtenerlo, que por las tesis económicas que la hicieron merecedora. Al hablar sobre su experiencia en la profesión de economista, ella recuerda que cuando se planteó la posibilidad de matricularse en la universidad, sus amigos la desanimaban diciéndole que nunca sería capaz de ir más allá de dar clases en alguna escuela técnica universitaria de provincias. Y pondera su Premio como una expresión de la evolución de la profesión y del ascenso de las mujeres. El núcleo de su argumentación es que la posesión común puede ser más eficaz que lo que la gente pensó que podría serlo y que aunque no es una panacea, es mucho más eficaz que lo que el saber convencional ha aceptado tradicionalmente. Un ejemplo que ella ha destacado con frecuencia es el de los pescadores de langostas del estado de Maine. En la década de 1920, los pescadores prácticamente destruyeron la pesca de la langosta, pero luego se asociaron y se dispusieron a pensar con detenimiento qué hacer. Con el paso del tiempo, desarrollaron una serie de reglas ingeniosas y de formas de gestión que han permitido que el sector de la pesca de la langosta en Maine se convierta en uno de los más exitosos del mundo. En su famoso texto 'Diseños complejos para manejos complejos', la galardonada enfatiza que los esfuerzos por alcanzar los mismos niveles de productividad en sistemas de dirección centralizada han fallado repetidamente, y de manera dramática. Y que si se confiara exclusivamente en los mercados para el intercambio de bienes derivados de seres vivos, quedaría muy lejos de alcanzar la necesaria preservación de la diversidad genética, pues la posesión total de un recurso por alguna entidad, implica tanto el derecho a destruir la diversidad biológica, como la capacidad de protegerla. Sostiene a ese respecto la autora, que los propietarios que diseñen instituciones deben caracterizarse por tener límites bien definidos, reglas adecuadas y participación de todos los involucrados en las decisiones colectivas y entonces serán capaces de presentar un conjunto de buenas reglas y lineamientos. Cuando los usuarios-dueños de un recurso diseñan sus propias reglas de manejo utilizando sanciones graduadas, los problemas de compromiso y seguimiento se resuelven de una manera interrelacionada. Hecho ese compromiso, tendrán razones para vigilar el comportamiento de los demás y la mutua vigilancia entre los usuarios refuerza la aplicación de las reglas, reduciendo los costos del propio seguimiento.
Tras estudiar varios cientos de sistemas de irrigación en Nepal, Ostrom demostró que gestionados por los campesinos son más eficaces y presentan una mayor productividad y costos menores que los sistemas construidos por el Banco Asiático para el Desarrollo, el BM, y la AID.
La conclusión, que los usuarios locales son buenos administradores de sistemas en pequeña escala para el manejo de los recursos, y han de ser incluidos desde el inicio del diseño de las políticas relativas a la biodiversidad, y que los costos de la vigilancia y del castigo a los que violen los acuerdos son más bajos a nivel local que a nivel nacional.
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