Tras una década, regresó el ahora Nobel Paul Krugman y como primer mensaje reconoció que estamos al final de la recesión, y que tras tocar fondo se observa un leve repunte del crecimiento mundial, aunque advirtió que es temprano para saber cuánto tardará la plena recuperación. Reconoció entonces que sus pronósticos acerca de que habría un severo estancamiento resultaron fallidos, autocrítica poco usual en nuestra profesión.
En su conferencia, Krugman derivó varias lecciones de la crisis y reivindicó los postulados básicos de su pensamiento: que las burbujas ocurren, como lo había advertido en Dutch tulips and emerging markets, y mostró cómo en el sector inmobiliario ocurrió un fenómeno especulativo insostenible. Además dedujo como lección de la crisis, que el sistema financiero no es seguro, y puso énfasis en la poca trasparencia de la ingeniería financiera adoptada por dicho sector y que condujo a la crisis.
De otra parte, sostuvo que la política monetaria tiene sus límites, pues como quedó en evidencia durante la gestión de Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal, se adoptaron políticas que estimularon la formación de burbujas (tecnológica e hipotecaria) y no su desactivación. Además, reiteró su tesis de que los déficit pueden ser útiles en épocas de crisis, cuando se trata de enfrentar la recesión, y de paso calificó los planes de rescate adoptados, como bien orientados aunque insuficientes; considerando el plan de China como el más eficaz.
Por último, y como una reivindicación de sus tesis fundamentales, sostuvo que las políticas keynesianas sí funcionan y que a ellas se puede atribuir el mérito de haber evitado que la economía se colapsara. Consideró infundados los temores por la inflación, no sólo porque se han reciclado los ahorros privados sin emitir circulante, sino que adicionalmente, como se ha tratado de inyecciones de dinero por una sola vez, no hay que temer que conduzcan a una inflación fuera de control.
Al ser interrogado sobre las perspectivas a futuro, Krugman recordó que la crisis japonesa tardó una década en superarse y que de similar manera tras la Gran Depresión de 1929, transcurrieron diez años antes de la recuperación. En la actual coyuntura, el Nobel sostuvo que lo que se ha logrado es una mitigación del impacto de la recesión, pero que no se ha producido su total superación, y advirtió que los mayores bancos han sido saneados, pero los medianos y pequeños siguen atravesando severas dificultades. Como los precios agrícolas están bajos, auguró que se puede esperar un aumento por la demanda por dichos bienes.
Pese a reconocer que la recesión ha terminado en Francia, Alemania y Japón, para el caso de E..U. advirtió que se requiere crear 9 millones de empleos, y que si se logra retomar un crecimiento de 2,5% sólo se alcanzarán a crear 3 millones, por lo cual enfatizó que a pesar de la recuperación económica, en el campo laboral la cuestión será más lenta y difícil.
Como balance central nuestro ilustre visitante llamó la atención acerca de evitar un optimismo excesivo, pues de no adoptarse los correctivos institucionales y de política que se han demostrado como necesarios, la recesión podría regresar.
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