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Beethoven Herrera

Macro en crisis

La crisis financiera ha reactivado la tradicional polarización entre las corrientes del pensamiento económico; y por tratarse de un problema que afecta al conjunto del sistema, está enfrentando sobre todo a los macroeconomistas.

A pesar de los llamados de teóricos como Krugman, que advertían de los riesgos del desborde especulativo; y del llamado de atención de Stiglitz sobre la necesidad de una mayor regulación, la crisis llegó de un modo sorpresivo para muchos. Incluso los anuncios previos de Nouriel Rubini, hechos ante el mismo FMI, tampoco fueron tomados en serio y ahora se trata de explicar a posteriori las causas del colapso. Mientras los estructuralistas encuentran que el abandono de las regulaciones del Acuerdo de Basilea explican el excesivo apalancamiento en que incurrieron los bancos hasta formar la burbuja inmobiliaria, los ortodoxos sostienen que por el contrario el presupuesto asignado a las autoridades reguladoras había crecido consistentemente.

Al analizar las políticas de respuesta a la crisis, los conservadores atacan los planes de salvamento de bancos y empresas y de gasto público en infraestructura, porque encierran un riesgo inflacionario y con seguridad incrementarán el déficit, pero los asesores de Obama sostienen que la inflación y el déficit son soportables si se trata de sacar a la economía de la recesión. Si la economía comienza a recuperarse la mayor actividad económica generará un mayor recaudo fiscal para solventar el déficit, sostiene el Gobierno. Pero si hay que aumentar la tasa de interés para contener la inflación, volveremos a los fenómenos de desaceleración económica; y si las autoridades salen a recoger dinero estaremos de nuevo ante los fenómenos de desplazamiento del crédito o crowding out.

Entre tanto, los keynesianos sostienen que los planes de salvamento, los mismos que Krugman ha considerado tímidos e insuficientes, no se pueden consideran en sentido estricto keynesianos, pues en lugar de concentrarse en obras públicas intensivas en mano de obra, se han canalizado en mayor medida al salvamento de bancos y empresas en bancarrota.

Recientemente el profesor Paul de Grauve de la Universidad de Lovaina, publicó en el Financial Times un duro artículo criticando a los macroeconomistas habituados a proyectar sus posiciones sólo a partir de las decisiones microeconómicas, sin comprender que hay decisiones sistémicas que no surgen sólo de la suma de las decisiones individuales.

Cómo entender, por ejemplo, decisiones tan irracionales como prestar dinero a quien no tiene capacidad de pago? El autor los acusa además de haberse quedado operando con criterios de expectativas racionales cuando la crisis ha demostrado que los 'espíritus animales' siguen determinando conductas irracionales, y los movimientos especulativos que hemos visto en la crisis asiática y en la crisis subprime tienen poco de racionalidad. La Gran Depresión enseño que el mercado no se regula a sí mismo eficientemente, y que se requiere la acción del Estado para rescatar a la economía. Esperar a entenderlo condujo a un desempleo de 25% en E.U. y extendió la recesión hasta 1931.

Beethoven Herrera

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