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Beethoven Herrera

Oro sólido

Durante la hegemonía inglesa del siglo XIX, la libra fue el medio de pago y de reserva internacional, pues operaba bajo el esquema del patrón de oro: todos los billetes estaban respaldados en metal, eran convertibles, el tipo de cambio era fijo y los países debían garantizar el flujo sin restricciones. Tras las cuantiosas emisiones de papel moneda para financiar la Primera Guerra Mundial fue imposible mantener el respaldo en metal, y en septiembre de 1931 el Reino Unido eliminó la convertibilidad.

La conferencia de Bretton Woods otorgó al dólar el papel de referente mundial en contra de la propuesta de Keynes de constituir una moneda internacional que se denominaría Bancor: Estados Unidos se comprometió a garantizar el respaldo de una onza de oro por 35 dólares, con una paridad fija ligeramente flotante frente a las demás monedas y la seguridad de convertibilidad. Tras la emisión de 500.000 millones de dólares para la Guerra de Vietnam y ante la reclamación francesa para que le fueran convertidos en oro los 25.000 millones de dólares que habían llegado a ese país durante la guerra, el presidente Nixon eliminó en agosto de 1971 la convertibilidad del dólar.

Comenzó entonces un periodo de inestabilidad monetaria, de bruscas devaluaciones y de experimentación con bandas cambiarias, cajas de convertibilidad, paridades fijas, y remplazo de monedas, en tanto que unos países adoptaban el dólar y Europa creaba su propia moneda. Al mismo tiempo, el sistema financiero internacional, desregulado por inspiración neoliberal, fue creciendo desmesuradamente por encima de la producción real, de modo tal que los derivados financieros se convirtieron en la porción más dinámica del mercado, sin ningún vínculo con la realidad.

La actual crisis mostró, como dice Warren Buffet, que "es en las aguas bajas cuando se aprecia quien nada sin traje de baño". El descubrimiento de que las hipotecas subprime, otorgadas a los 'Ninja' (personas sin ingresos estables, empleo fijo ni activos), eran incobrables, produjo en consecuencia una cartera bancaria de mala calidad que crecía exponencialmente. Mucha gente ha preferido refugiarse en el oro, de modo tal que el metal precioso tuvo en el 2008 un desempeño significativamente mejor que la mayoría de los otros activos.

La preferencia por los metales se ve acentuada por la inflación, como sucede en Argentina, donde se evidencia una escasez de monedas porque éstas se coleccionan y se pueden vender pesadas a un precio mayor que su denominación. Este fenómeno de escasez de metal precioso frente al volumen creciente de bienes y servicios ha hecho que, por ejemplo en India, se sustituya la tradicional joyería para novias por alhajas de imitación debido a los altos precios del oro. Venezuela por su parte ha autorizado monedas comunales como herramienta de fomento de intercambio de saberes, bienes y servicios, pero en realidad refleja un debilitamiento de la confianza en el bolívar.

En las actuales circunstancias de crisis, la población se refugia en el oro como un depósito confiable de valor y en los bonos de Tesoro de Estados Unidos, pues aún si su economía está en recesión su hegemonía no ha sido remplazada y ello le permite disfrutar de las ventajas del señoreaje monetario mundial.

Beethoven Herrera

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