Tras una semana de negociaciones, la Organización Mundial de Comercio declaró rotas las negociaciones de la Ronda del desarrollo lanzada en Qatar en noviembre del 2001.
Aunque estaba programada para 4 años, las diferencias entre países desarrollados y en desarrollo son tan profundas, que la mayoría de los analistas coinciden en que es un proceso herido de muerte.
La Ronda de Uruguay del Gatt, que duró 8 años, logró imponer a todos los países el respeto por la propiedad intelectual (mayormente detentada por los países desarrollados), pero ahora que la agenda toca temas sensibles para los países en desarrollo, el acuerdo ha sido imposible.
En los meses precedentes a las negociaciones, estas estuvieron fuertemente polarizadas por la exigencia de los países desarrollados para que los países en desarrollo reduzcan los aranceles a los productos industriales (Nama), a lo cual estos últimos siempre respondieron que ello desmantelaría su frágil estructura industrial y que sería inaceptable hasta tanto los países desarrollados no desmonten sus subsidios agrícolas.
Hay un cambio sensible en el entorno de las negociaciones: todas las rondas del Gatt, se hicieron sin participación de la sociedad civil, en tanto que a partir de Seattle las manifestaciones, las denuncias de las ONG, y la conformación de bloques defensivos de los países en desarrollo, han dado mayor visibilidad a las discusiones y han hecho menos fácil que los países poderosos impongan sus intereses.
También cabe advertir que mientras en el Fondo Monetario internacional y en el Banco Mundial, el voto es proporcional a los aportes, en la OMC cada país tiene un único voto y esto hace más difícil lograr consensos.
Con la ruptura de las negociaciones, el acuerdo logrado por los países latinoamericanos con la Unión Europea, para reducir el arancel al banano de 178 dólares a 114 por tonelada, queda anulado y se mantiene el arancel elevado, a pesar de haber sido declarado ilegal por la OMC.
En la propuesta de Pascal Lamy, Estados Unidos aceptaba reducir sus subsidios de 48 mil a 14,4 mil millones de dólares, al tiempo que la Unión Europea se comprometía a disminuirlos en un 80 por ciento, hasta dejarlos en 22 mil millones de dólares, pero en la práctica esto no se ha cumplido.
El punto de ruptura de las negociaciones estuvo cifrado en la propuesta de adoptar un mecanismo de salvaguardia especial propuesta por algunos países en desarrollo, liderados por India, China y Brasil.
Este mecanismo autorizaría a los países a subir los aranceles de un producto agrícola si sus importaciones aumentan más allá de un 40 por ciento.
India quería reducir este umbral a solo 10 por ciento, nivel no aceptado por los países industrializados con el argumento de que ello posibilitaría medidas proteccionistas incomprensibles en una coyuntura de escasez alimentaria, que está impulsando la inflación mundial.
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