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portafolio.com.co / opinión / columnistas / Beethoven Herrera
El Presidente francés, Nicolás Sarkozy, viene sosteniendo que tener sindicatos y gremios fuertes es una necesidad imperativa para garantizar mediante el diálogo social las reformas propuestas en su campaña.
Con un programa de Gobierno que incluye la eliminación de la semana de 35 horas, la reducción de la nómina de servidores públicos y la reforma del sistema pensional, todo lo cual ya ha generado extendidas protestas sindicales, Sarkozy ha sostenido que cree firmemente que la discusión permitirá a empresarios y trabajadores llegar a acuerdos sobre la distribución del valor agregado, sobre los salarios y sobre el funcionamiento del mercado de trabajo. Pero el desgaste de su Gobierno, expresado en la brusca caída de su aceptación le ha reducido la capacidad de impulsar tales reformas.
Tras el inicio de su Gobierno, Sarkozy convocó a los voceros de las organizaciones , escuchó sus puntos de vista y ha expresado que el fracaso de diversas reformas en el pasado se explica, porque quisieron imponerlas unilateralmente.
El método de fijar fechas perentorias para que los trabajadores y gobiernos lleguen a acuerdos o el Gobierno toma las medidas basado en los puntos de vista de ambas partes, a juicio del Presidente, ha funcionado. Así se ha logrado por ejemplo fusionar a Anpe y Assedic, las dos agencias que se ocupan de atender a los desempleados, y en enero se llegó a un acuerdo consensuado sobre el mercado de trabajo y espera llegar a un convenio antes del otoño sobre la reforma al sistema pensional.
Aún quedan temas como la reforma al seguro de desempleo, a la formación profesional, al sistema pensional y al sistema de salud, en lo que el Presidente ha denominado la refundación de la democracia social. Para ello, reconoce el aporte histórico del sindicalismo al que le reclama ser responsable y evitar la confrontación ideológica, y explica su debilidad por el surgimiento de asociaciones mutuales por fuera del sindicalismo. Además, llama a fortalecer las elecciones profesionales y a revisar el sistema de financiamiento de los sindicatos.
Propone, así mismo, revisar la forma de convalidar los acuerdos obrero-patronales, para que puedan ser aplicados a todos, en tanto que hoy solo cubren a los miembros de una empresa, o de una rama profesional.
Además, sostiene que el diálogo social también debe ejercerse en las empresas privadas medianas y pequeñas. El Presidente ha reconocido la legitimidad de la contratación colectiva y acepta que no es fácil para el liderazgo de trabajadores y empresarios llegar a un consenso, pero al menos la fijación de una agenda común y la expresión de la voluntad de ambas partes de mantenerse en la mesa de diálogo, es considerado un avance.
Finalmente, se ha comprometido a llevar a la Asamblea Nacional como proyectos de ley los resultados consensuados que surjan. Resulta notable que un gobierno de reconocido perfil conservador, se haya comprometido con un ejercicio profundo de concertación y que haya abordado los temas más sensitivos de la agenda social y laboral francesa.
Y es más notable aún que está llegado a acuerdos consensuados.
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