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Cumple medio siglo de existencia el Club de París que agrupa a los acreedores internacionales, en tanto que los deudores no han podido constituir un club ni negociar sus acreencias colectivamente.
Tras la declaratoria de la moratoria de México en 1982, la administración Reagan advirtió que no se aceptaba la constitución de un club de deudores y así ha ocurrido.
El Club de París, es en la práctica, un cartel de los 19 países más ricos y se ocupa de manejar conjuntamente las deudas de los países en desarrollo. Resulta claro, que tras un cuarto de siglo de renegociaciones, solicitud de créditos nuevos para abonar a préstamos antiguos, y tras la aplicación de drásticos programas de ajuste estructural, el monto total de la deuda no se ha reducido.
Su herramienta preferida ha sido la reestructuración de deudas de países en bancarrota que ha cubierto, desde 1983, la suma de 504 billones de dólares de deuda bilateral, contratada por países de Asia, África y América Latina.
Nigeria es un caso típico de este círculo vicioso: en 1985, su deuda externa era de 19 mil millones de dólares, ha pagado a sus acreedores más de 35 mil millones de dólares, ha tomado en préstamo menos de 15.000 millones y su saldo es de 36.000 millones.
Los programas de ajuste estructural han coincidido con los paquetes de préstamos del Fondo Monetario Internacional, condicionados a la privatización de empresas públicas y a la adopción de reformas de mercado, cuando la imposición de políticas no está entre las funciones fundacionales de dicha institución.
Además del secretismo de sus deliberaciones, el Club de París mantiene un estrecho contacto con el FMI y el Banco Mundial, y de hecho, delegados suyos tienen asiento en las reuniones en las que se toman las decisiones en estas instituciones; dos directores del Club de París (Jacques de La Rossiére y Michel Camdessus) han pasado, luego a desempeñarse como gerentes del FMI. Este tipo de situaciones son objeto de muchas críticas, porque acentúan el carácter antidemocrático de las decisiones que se toman en el FMI y el BM.
Hay, además, un componente político en sus decisiones: el Club, por petición de Estados Unidos condonó el 80 por ciento de la deuda de Irak después de la invasión, y el 67 por ciento de la deuda polaca luego de que este país apoyó la invasión a Irak. El sesgo político de estas medidas es evidente si se tiene en cuenta que los países que sufrieron el Tsunami del 2004, solo han recibido un año de moratoria.
Por estos días el Club está preocupado, porque nuevos prestamistas como China y Brasil reduzcan el monopolio de las naciones ricas sobre el proceso crediticio mundial, y por ello han hecho extensiva su invitación para que se vinculen al Club.
Al parecer es necesario propender por la creación de un organismo imparcial que supervise el proceso de manejo de la deuda internacional, en el que tengan presencia ambas partes.
Para atender las deudas globales es necesario que existan espacios institucionales en el que todos los interesados tengan presencia decisoria.
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