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Con este título, escribe Kenneth Rogoff, un artículo en el que concluye que el dólar está debilitado y seguirá débil en razón del severo déficit fiscal de Estados Unidos y de la actual crisis. Pese a todo ello, concluye que no hay aún otra alternativa monetaria viable.
Considera que si el dólar perdiera su hegemonía, Europa sería la alternativa seria, y que el yuan podría reemplazar al dólar en la segunda mitad del siglo, pero los controles de capital y la represión financiera lo descalificarían como ancla financiera del sistema global. Considera que el euro tiene problemas, porque el mercado de eurobonos carece de la liquidez y confianza que tienen los bonos de Estados Unidos y advierte que, aunque Europa ya es más fuerte que Estados Unidos, no tiene un sistema fiscal de cobertura continental. Pero reconoce que el Banco Central europeo ha hecho un manejo adecuado de la crisis global del crédito.
Lamentablemente, Rogoff no explica suficientemente las causas de la debilidad del dólar, pues si bien, ubica su inicio en la declaratoria de no convertibilidad del dólar en oro declarada por Nixon en 1971, no explica que ello ocurrió por la emisión de 500.000 millones de dólares inorgánicos para la guerra de Vietnam.
Eso sí, trae a colación el cálculo de Stiglitz y Balmes, acerca del costo de la invasión a Irak, estimado en varios billones de dólares.
Rogoff, ubica las causas de la debilidad del dólar en el déficit comercial y en las deudas locales, pero no menciona los bonos del Tesoro que ascienden a seis trillones de dólares, equivalentes a la mitad del PIB. El hecho de que los chinos al comprar esos bonos devuelvan a Estados Unidos los dólares que reciben como pago por su excedente comercial parece extraño a primera vista. Pero sin duda, tratan de armarse de un instrumento de retaliación frente a eventuales presiones por propiedad intelectual, libertades políticas, derechos humanos o libertad sindical. En tal caso, la venta masiva de bonos estadounidenses por parte de los chinos, marcaría el final de la hegemonía del dólar.
Cuando Keynes propuso en Bretton Woods la adopción de una moneda mundial (bancor) que fuese emitida por un banco central mundial, perdió frente a la propuesta de White de adoptar la moneda del país que tuviera más oro, y como Estados Unidos tenía el 70 por ciento de las reservas mundiales, la decisión fue obvia.
Pero el euro, lo mismo que el DEG, es un reconocimiento a Keynes, cuya idea fue desarrollada por Mundell en la teoría de las zonas monetarias óptimas. No es fácil llegar a una moneda común, y en el caso europeo ha supuesto la adopción de exigentes compromisos de convergencia macroeconómica, fiscal y monetaria; pero en Mercosur se ha hablado de la posibilidad de una moneda regional.
Tampoco menciona Rogoff, la crítica de Aglietta a la entrega del señoreaje a un solo país, pues ello deja la puerta abierta a abusos como los que cometieron Inglaterra y Estados Unidos. Se debe avanzar en cambio, concluye Aglietta, hacia el consenso sobre una constitución monetaria mundial.
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