EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Hay consenso acerca de la incidencia de los precios de los alimentos en la tendencia alcista de los precios en todos nuestros países, pero pese a que los precios de los alimentos han aumentado 40 por ciento en 12 meses, no existe ninguna iniciativa global que enfrente una tendencia que amenaza con atormentar a las autoridades económicas en los años por venir.
El acelerado crecimiento de China e India que están duplicando su tamaño cada década, está elevando la demanda de alimentos, y como su tierra y agua son insuficientes para mantener esa dinámica, están ejerciendo presión sobre la oferta de alimentos, al mismo tiempo que se dispara la importación de soya y maíz para alimentar el ganado.
Esta tendencia de por sí grave se refuerza con el aumento del precio del petróleo, y por su efecto reflejo, la creciente conversión de alimentos como el maíz en biocombustibles. Como ha mostrado Jeffrey Sachs, director del Instituto de la tierra de la Universidad de Columbia, en la cosecha de 2006/07, la producción de trigo en Estados Unidos cayó en 622 millones de toneladas y se estima que cayó de nuevo en 593 millones en 2006/07.
En este país se están construyendo 70 plantas nuevas para biocombustibles y de una cosecha de 12.000 millones de toneladas de maíz en el período 2006/07, se orientaron 2.000 millones de hectolitros a la producción de carburante, y se estima que en el siguiente año aumentará a 3,5 millones, de modo que la tendencia alcista del precio del grano se agravará.
Para agravar la situación, el cambio climático (sobre cuyas causas se mantiene abierto el debate científico) está contribuyendo a crear perturbación en la provisión de alimentos: Australia redujo de 25 a 10 millones de toneladas la producción de grano por la sequía y Europa perdió gran parte de sus cosechas por las inundaciones.
Entre tanto, no se observa ninguna decisión estratégica de nivel global para enfrentar este fenómeno: los elevados subsidios europeos y estadounidenses a la producción agrícola, introducen una distorsión en contra de los países que sufren los efectos de los elevados precios internacionales, en tanto que no avanzan las negociaciones en la OMC, que permitan reducir dichos subsidios.
Así mismo, explica Sachs, se está en mora de desarrollar tecnologías que permitan capturar el dióxido de carbono que genera la combustión del carbón y el desarrollo de energías alternativas al petróleo (solar, eólica), y en ello compete alta responsabilidad a los gobiernos.
Al desencadenarse la Guerra del Golfo en 1990, Kissinger predijo que el reinado del petróleo se acercaba a su fin por el desarrollo de energías alternativas, pero todo parece indicar que al cabo de dos décadas, seguimos atados al destino del petróleo y que a las incidencias de los conflictos geopolíticos en el precio de los energéticos, ahora se suma el cambio climático.
Paradójicamente, el desarrollo de otros energéticos como los biocombustibles se acompaña del ascenso imparable del precio del petróleo, cuando sería de esperar que el desarrollo de otras energías conducirían al abaratamiento del hidrocarburo. El futuro no luce tranquilizador...
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