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Ahora que hay consenso acerca del inicio de una recesión en Estados Unidos, conviene compararla con la crisis asiática.
Mientras esta última ocurrió por fallas en las estrategias externas, en el caso estadounidense las causas se encuentran en deficiencias de la política monetaria. Resulta claro que la política de bajas tasas de interés aplicada por Greenspan, estimuló más el crédito de consumo que la inversión productiva. Ello unido a la política de los bancos que facilitaron créditos a deudores de dudosa capacidad de pago, explotó cuando la misma Reserva Federal, ahora bajo la conducción de Bernanke, decidió aumentar las tasas para luchar contra la recesión.
La crisis asiática tuvo diferentes motivos dependiendo del país, pero en la mayoría de los casos vinculados con el manejo de la cuenta de capitales. Tailandia y Malasia mantenían tasas de interés internas superiores a las internacionales, libre ingreso y salida de capitales y paridad cambiaria fija. De modo que la entrada masiva de capitales se revirtió al primer asomo de devaluación comprobando el dilema de la imposibilidad de mantener soberanía monetaria, cuenta de capital abierta y paridad cambiaria fija. Tailandia acogió el ajuste recomendado por el FMI, en tanto que Malasia decidió aplicar el control de capitales y se recuperó antes que Tailandia.
Indonesia se había endeudado aceleradamente y el desvío de recursos por la corrupción del régimen de Suharto impidió generar capacidad de pago. Corea por su parte contrató cuantiosas deudas de corto plazo para financiar la diversificación de los conglomerados industriales o chaebols, y los vencimientos para finales de 1998 superaban los 65.000 millones de dólares. Obligada a acudir de urgencia al FMI, Corea tuvo que aceptar la receta recesiva el FMI cuya pertinencia no compartía, so pena de entrar en moratoria. Transcurridos solo seis meses, tras lograr la estabilización de sus cuentas externas, prepagó al FMI y se marginó de su tutoría.
En el caso estadounidense no hay un componente externo, como ocurriría si el mercado mundial pierde la confianza en la fortaleza de la economía estadounidense y deja de comprar los bonos con los que financia su déficit y que equivalen a la mitad de su PIB anual. Y mucho más grave sería si algunos de los tenedores de esos bonos (China por ejemplo), decidieran deshacerse de esos bonos.
Resulta claro que la crisis asiática no afectó al aparato productivo y por ello la recuperación fue más rápida. Estados Unidos ha decidido entregar 150.000 millones en apoyo a los consumidores, con la esperanza de que ello reactive el consumo y dinamice la economía; y no ha adoptado ningún plan de salvamento de los bancos afectados. Krugman ha dicho que sería más racional focalizar esas ayudas a quienes han perdido su empleo.
Hay quienes creen que la crisis de Estados Unidos no nos afectará pues no exportamos a ese país insumos para la construcción, pero si se desacelera toda la economía se reducirán todas sus importaciones. Y la reducción de sus tasas de interés, mientras acá se elevan, puede estimular la llegada de capitales y ello podría profundizar la revaluación.
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