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Con ocasión de la posesión de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, se constituyó el Banco de Sur, con un capital de 7.000 millones de dólares y la membresía de Venezuela, Brasil, Ecuador, Paraguay, Argentina, Bolivia y Uruguay. Se presenta como una alternativa a las instituciones multilaterales de Washington y con una filosofía de rechazo a las condicionalidades y ajustes estructurales que el FMI exige a los países.
Impulsará el desarrollo social financiando proyectos, y promete no tener injerencia en el diseño de las políticas de cada país, tendrá su sede principal en Caracas y dos sedes alternas. Aunque las instituciones de Washington declaran que no ven al Banco del Sur como un competidor, el FMI acaba de reducir su nómina y el Banco Mundial no se repone de la pérdida de imagen por escándalos de corrupción.
El presidente Evo Morales propuso que el Banco extienda su financiamiento a gobiernos locales, y a empresas públicas y privadas. Esta propuesta resulta novedosa, habida cuenta de que los miembros del FMI, Banco Mundial y BID son solo gobiernos y solo prestan a gobiernos. Hay críticos que cuestionan el hecho de que mientras el Banco Mundial y el FMI promueven la privatización, ellos sean entidades exclusivamente públicas, en tanto que si recibieran aportes de particulares podrían también prestar a empresas privadas.
El presidente del Ecuador repitió su crítica al hecho de que las reservas de los países en desarrollo estén colocadas en países desarrollados, a tasas inferiores a las que nuestros países pagan por sus deudas. Por ello, propuso que los US$250.000 millones que los países de la región tienen colocados en los bancos de países desarrollados sean traídos al Banco del Sur. Hay que recordar que tras el secuestro de los diplomáticos estadounidenses en Teherán, el presidente Carter incautó los 25.000 millones que el régimen iraní mantenía en E.U. y recientemente el presidente Chávez insinuó la posibilidad de retirar los depósitos venezolanos de los bancos de E.U. en prevención de una incautación en caso de conflicto entre los dos países. Otros hablaron de crear una moneda regional, y aunque en el pasado se ha propuesto la creación de un peso andino o de una moneda común para Mercosur, resulta claro que es una idea demasiado incipiente. Mientras Europa recorrió el camino de la integración desde el flujo de mercancías, capitales y personas que desembocó en un espacio social comunitario y articuló políticas de convergencia macroeconómica que dieran base sólida a la nueva moneda, en América Latina los países, aún si comparten una Zona de Libre Comercio, mantienen políticas nacionales y se resisten a cualquier compromiso de coordinación monetaria, cambiaria o fiscal.
El pasado mes de octubre, en el acto de inauguración del gasoducto que lleva combustible colombiano desde la Guajira hasta Maracaibo, el presidente Uribe había anunciado sorpresivamente que Colombia ingresaría al Banco del sur, al mismo tiempo que Venezuela ofrecía analizar su eventual retorno a la Comunidad Andina de Naciones. En las actuales circunstancias, ambas ofertas han quedado postergadas.
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