portafolio.com.co / opinión / columnistas / Andrés Espinosa Fenwarth
La evidencia señala que no es posible avanzar hacia etapas superiores del desarrollo económico y social a menos que se resuelva la alarmante situación de informalidad laboral y empresarial reinante en nuestro país. A buena hora el Consejo Privado de Competitividad examina este asunto en su Informe Nacional de Competitividad 2009-2010, y proyecta acciones concretas para contrarrestar este fenómeno que caracteriza a todas las economías de América Latina, incluida la colombiana.
De acuerdo con el Dane, el 57,2 por ciento de los empleos en Colombia se da en la informalidad. Igual ocurre a nivel empresarial; el 55,5 por ciento de las empresas nacionales son microempresas. Según el informe del Banco Mundial Doing Business 2010, pese a los esfuerzos gubernamentales de los últimos años que han reducido los procedimientos para abrir un negocio en Colombia de 11 a 9 y acortado el tiempo requerido de 42 a 20 días, el costo de los impuestos como porcentaje de las ganancias de las empresas es del 78 por ciento y el número de pagos anuales de impuestos es de 20. Estos registros doblan o incluso triplican los observados en países comparables como Chile, Corea y Malasia.
El Informe de Competitividad enfatiza como "los costos laborales no salariales en Colombia ascienden al 58 por ciento", el doble de otros países de América Latina como Argentina y Uruguay, y el triple de los consignados en Estados Unidos e Inglaterra. "Estos costos", concluye el mencionado documento, "han llevado a empresas y trabajadores a optar cada vez más por la informalidad". Una vez allí, es más probable que en el corto plazo pasen a engrosar la masa de desempleados que incorporarse a la economía formal.
El panorama de la informalidad no es halagüeño, menos aún sus consecuencias. La OIT y la OMC publicaron recientemente un inquietante estudio que analiza el impacto de la informalidad sobre las economías de los países en desarrollo a la luz de la globalización, cuyo costo puede superar el 2 por ciento del PIB.
Entre sus perversos efectos, esta publicación destaca la baja diversificación de las exportaciones, la ampliación de la trampa de pobreza, la inflexibilidad para transitar de la economía informal a la formal y la ausencia de respuesta de la informalidad al crecimiento económico. La evidencia empírica indica que estos factores están presentes en la economía colombiana, aquejada por la excesiva concentración de las exportaciones, del 57 por ciento en cinco productos (petróleo, carbón, ferroníquel, café y banano) y del 56 por ciento en 3 mercados (Estados Unidos, Venezuela y Ecuador). Nuestra economía se ve también apaleada por los elevados niveles de pobreza (46 por ciento) y de indigencia (18 por ciento), y como demuestran las cifras del Dane, por la persistencia de la informalidad en épocas de auge económico.
Para modificar esta realidad, el Consejo Nacional de Competitividad propone difundir las contundentes ventajas de la formalidad y el costo de oportunidad de ingresar y mantenerse en la informalidad, desmontar gradualmente los parafiscales ligados a la nómina, crear un régimen de beneficios tributarios con un IVA simplificado que promueva la formalidad y facilitar el acceso al crédito para las mipymes.
aespinosa@minagricultura.gov.co
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