La junta directiva del Banco de la República afronta una auténtica encrucijada del alma en su próxima sesión, programada para el viernes 23 de octubre. El meollo de su dilema se centra en cómo sortear la revaluación del peso de 19,8 por ciento observada en los últimos seis meses, que tiene al sector productivo postrado, primordialmente a los exportadores y al sector manufacturero.
El problema del dólar consiste en que la oferta de dólares es superior a su demanda global, lo cual ha generado una devaluación que tiene en jaque a los principales bancos centrales del mundo entero. En Colombia, las recientes alzas del precio del petróleo y la Inversión Extranjera Directa acumulada a septiembre por valor de 6.013 millones, dirigida en 85 por ciento a los sectores petrolero y minero, evidencian la presencia de un flujo significativo de divisas que agrava la revaluación del peso. El desplome de las exportaciones a Venezuela de 46,7 por ciento, a Ecuador de 32,3 por ciento y a Estados Unidos de 16,4 por ciento registradas en agosto, y la merma de las remesas de los colombianos en el exterior del 9 por ciento no contrarrestan el fortalecimiento adicional del peso frente al dólar.
El Gobierno contribuyó a la lucha contra la revaluación al anunciar la semana pasada que no realizará monetizaciones este año de los dólares que mantiene en cuentas en el exterior, incluidos los 500 millones de dólares de dividendos de Ecopetrol; también reveló que redujo temporalmente a cero los aranceles de 1,700 materias primas no producidas localmente. Es previsible que estas medidas tengan un efecto en la dirección esperada y mejore la perspectiva de la tasa de cambio.
Sin embargo, el sector productivo aguarda la intervención del Emisor, cuya junta directiva, según la Sentencia de la Corte Constitucional C-481/99, además de perfeccionar su función básica de combatir la inflación, "no puede ser indiferente a los otros objetivos económicos, pues sus decisiones deben coordinarse con la política económica general".
El Banco de la República tiene entonces mandato y como veremos, margen de maniobra para reducir la tasa de interés e intervenir el mercado cambiario. De un lado, la tasa de inflación cayó por décimo mes consecutivo en agosto pasado a 3,13 por ciento, la más baja desde junio de 1962, en línea con la proyección de la inflación de largo plazo.
Según el Fan Chart del Banco Central, que proyecta la evolución futura de la inflación, si bien los alimentos dejarán de contribuir a la reducción del índice de precios, la debilidad en la demanda hace que la inflación núcleo -sin alimentos ni energía- siga cediendo, y con ella, las expectativas de inflación, con lo cual el Emisor podría bajar la tasa de interés de 4 a 3,5 por ciento y desalentar la entrada de capital financiero. Del otro, considerando que la compra acumulada de divisas del Banco de 171 millones de dólares es la más baja de los últimos 5 años, podría retomar el promedio diario de junio de 2008 de 20 millones de dólares para presionar la tasa de cambio por encima de los 2.000 pesos.
aespinosa@minagricultura.gov.co
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