Las sorprendentes falencias del sistema de salud de Estados Unidos constituyen la principal frustración de la primera potencia económica del planeta. Para aquellos que hemos tenido el privilegio de haber vivido y trabajado en esta tierra de ensueño y riqueza infinita, es incomprensible que por la ausencia de un sistema de salud acorde con sus necesidades, Estados Unidos sea, como sostiene el presidente Barack Obama "la única democracia sobre la tierra que proporcione tanta penuria a millones de personas".
Actualmente, según la Oficina del Censo estadounidense, 46,3 millones de personas se encuentran sin seguro médico, de los cuales el 34 por ciento son de origen latino. Se calcula que 25 millones de residentes reciben una cobertura insuficiente.
De acuerdo con un estudio publicado en agosto de este año por The American Journal of Medicine, las quiebras relacionadas con los desmedidos costos de salud en Estados Unidos se incrementaron en 50 por ciento en los últimos seis años. Los principales afectados son de clase media, propietarios de vivienda y elevado nivel educativo, es decir, la crema y nata del sueño americano.
El estudio concluye que el 62,7 por ciento de las quiebras en Estados Unidos tienen relación directa con los costos de salud, dado que los perjudicados tienen que dedicar más del 10 por ciento de sus ingresos brutos para pagar las facturas médicas y hospitalarias de servicios no cubiertos, respaldarlas con segundas hipotecas y afrontar la pérdida de ingresos por enfermedad.
Los demócratas han luchado desde 1935 por el acceso universal al sistema de salud en Estados Unidos. Lo intentó entonces el presidente Franklin D. Roosevelt; Harry S. Truman haría lo propio en 1945; y luego el presidente Bill Clinton en 1994, todos con loables propósitos y resonantes fracasos, derrotados por las poderosas compañías de seguros.
Ahora, el presidente Barack Obama se juega el todo por el todo, para que el Congreso estadounidense concilie los tres proyectos atascados desde agosto pasado, y saque adelante una versión bipartidista que contenga la substancia de su proyecto de reforma valorada en 900.000 millones de dólares para los próximos 10 años, sustentada en ocho principios fundamentales: reducción del costo de largo plazo para el Gobierno y los empresarios; protección contra quiebras relacionadas con los costos de salud; garantía de escogencia de doctores y planes de salud; inversión en prevención; mejora en la calidad de los servicios médicos; mantenimiento de cobertura en caso de pérdida o cambio de empleo; y acceso independiente de preexistencias.
La semana pasada, el presidente Obama pronunció un elocuente discurso ante la plenaria del Congreso, que confirma su disposición a pelear por la transformación del sistema de salud como prioridad de su administración. El momento más emotivo fue la referencia del presidente Obama a la conmovedora carta de despedida del fallecido senador Edward Kennedy, en la que le asegura que la reforma a la salud fue "la causa de su vida" y "el tema pendiente más importante de nuestra sociedad", cuestión que Kennedy consideraba "ante todo un asunto moral", decisivo para "la prosperidad futura" norteamericana. El Congreso estadounidense carga ahora con esta responsabilidad.
aespinosa@minagricultura.gov.co
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