La reunión de ministros de Economía y banqueros centrales del G-20 realizada el fin de semana pasado en Londres, preparatoria de la cumbre de Pittsburgh convocada para el 24 y 25 de septiembre próximos, renovó el ofrecimiento de mantener las políticas contracíclicas hasta que se garantice la recuperación del crecimiento económico.
A la vanguardia de este cónclave salió a relucir el conocido debate entre Estados Unidos, apoyado por la Gran Bretaña, que proponía una mayor capitalización bancaria orientada al riesgo, y Europa, representada por Alemania y Francia, países que preocupados por la explosión de los déficit públicos, reclaman mayor control a los pagos y bonos de banqueros y financistas.
Lo más relevante y desconocido de la reunión del G-20 ocurrió tras bambalinas: la confirmación de la mayor representatividad global de los países Bric, acrónimo acuñado por Goldman Sachs en el 2001 que identifica a Brasil, Rusia, India y China.
De acuerdo con Clovis Rossi, enviado especial a Londres de la Folha de São Paulo, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, se presentó en el Royal Horseguard Hotel, donde estaban reunidos los Bric, y avaló la tesis que era prematuro desmontar los apoyos fiscales, pues de hacerlo según Guido Mantega, ministro de Hacienda brasileño, existía la posibilidad de una recaída económica en 'W' para el 2010.
Geithner también respaldó la declaración de los Bric, que a la letra manifestaba que "los mercados emergentes mostraron una mayor resistencia económica y ayudaron a la economía mundial a absorber el impacto del deterioro de los flujos comerciales, de crédito y de la demanda". La bendición de Geithner, importante por sí misma, fue, sin embargo, insuficiente para acordar la letra menuda de la petición central de los Bric: cambio en la gobernabilidad global para darles mayor juego, mediante la modificación del poder decisorio en el Fondo monetario Internacional y en el Banco Mundial.
Los Bric pusieron sus cartas sobre la mesa, relacionadas con el traspaso del 7 por ciento de las cuotas de representación en el FMI de los países desarrollados a las naciones en desarrollo, y del 6 por ciento en el Banco Mundial, con lo cual la representación en estas entidades quedaría dividida en partes iguales entre los países industrializados y el mundo en desarrollo.
Esta lucha de poder norte-sur entre las naciones que representan el 80 por ciento del Producto Interno Bruto mundial, está como para alquilar balcón. Por primera vez en nuestro tiempo, la crisis económica no se origina en los países emergentes o en las economías en desarrollo. Todos reconocen que el epicentro de esta prolongada recesión es responsabilidad exclusiva de los países avanzados. Este incontrovertible hecho ha dado pie para que los Bric pasen la cuenta y pidan no sólo el reconocimiento de un liderazgo regional, sino uno más amplio, de espectro global, que incluya una nueva gobernabilidad mundial.
El comunicado del G-20 refleja de manera general la postura de los Bric al apoyar la reforma de las cuotas del FMI para enero del 2011 y del Banco Mundial para la primavera del 2010, con lo cual estas economías se gradúan con honores planetarios.
aespinosa@minagricultura.gov.co
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