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Andrés Espinosa Fenwarth

El dragón en América Latina

Publicado el 26-08-09

Hace doscientos años le preguntaron a Napoleón qué pensaba de China. El Emperador de los franceses al parecer respondió: "Allí duerme un gigante. Dejémoslo que duerma, que cuando despierte, se moverá el mundo entero". Pues bien, durante los últimos treinta años, el despertar de China ha cautivado a todo el planeta, cuyos efectos han sido amplificados por la globalización, el transporte internacional y el veloz desarrollo de las comunicaciones.

América Latina no podía sustraerse a tan significativo suceso en los albores del siglo XXI. El interés de China en la región tiene una larga historia, que se remonta al comercio de seda y porcelanas en la época colonial, especialmente en México y Perú. En tiempos modernos, el punto de partida del nuevo relacionamiento con Latinoamérica y el Caribe cobra vida con el ingreso de China como observador en la OEA en mayo del 2004, y luego como miembro y donante del BID en febrero de este año, con una contribución de 350 millones de dólares.

El primer documento oficial del Gobierno chino sobre Latinoamérica, publicado días antes del viaje del presidente Hu Juntao realizado en noviembre pasado con motivo de la reunión en Lima, Perú, del Foro de Cooperación Económico Asia-Pacífico, APEC, delinea el campo de acción bilateral para los próximos años. En este informe, China formaliza su política hacia la región en materia comercial y de inversión en energía, minería, reforestación, pesca y agricultura; renueva además su interés en proyectos de infraestructura de transporte de recursos naturales, en la diplomacia militar y venta de equipo a Latinoamérica; estrategia planteada inicialmente en el 2001 por el entonces presidente de China, Jiang Zemin, en un marco de pragmatismo diplomático no ideológico y multilateral.

En opinión de Sebastián Castañeda, investigador asociado del The Council on Hemispheric Affairs, América Latina y el Caribe hacen parte del interés estratégico de China, representado en oportunidades comerciales y apalancamiento político y diplomático de alto vuelo, sustentado en un comercio bilateral que bordea actualmente los 140 mil millones de dólares al año. Quizás sea cierto, como sostiene el canciller peruano, Antonio García Belaunde en la revista The Economist, que el centro del poder está cambiando, y que el siglo XXI tiene que ver principalmente con el Pacífico, eje y radio de influencia de APEC.

Como lo reconoce un reciente estudio del Banco Mundial, que analiza los retos que enfrenta Latinoamérica frente a China -e India-, la invasión de importaciones baratas manufacturadas en China generó inicialmente pánico entre empresarios y sindicatos de los sectores textil y confecciones, calzado y maquinaria. Ahora, la atención se centra en los potenciales efectos negativos que la acrecida demanda por materias primas originarias de la región pueda generar una cultura de dependencia en un puñado de productos básicos, dado que el 75 por ciento de las exportaciones latinoamericanas se concentra en soya, harina de pescado, hierro y acero, madera y cobre.

Los investigadores del Banco Mundial concluyen, sin embargo, que las ganancias superan con creces los costos de relacionarse con China, y anotan que pese a la indiscutible importancia de los vínculos actuales, su potencial es colosal.

aespinosa@minagricultura.gov.co

Andrés Espinosa Fenwarth

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