México, país de infinita hermosura y de orgullo patrio excepcional, como lo atestigua la ondeante y majestuosa bandera nacional izada por siempre en el corazón de su capital en el Zócalo del Distrito Federal, antiguamente centro ceremonial del desaparecido epicentro del Imperio Azteca, Tenochtitlán, enfrenta retos económicos de enormes proporciones.
El acoplamiento de su estructura productiva a la del coloso del norte le representó a México enormes dividendos a mediados de los años noventa, que le permitió entonces sortear la resaca del 'efecto Tequila', que se tradujo en una contracción económica del 6,2 por ciento y una inflación del 50 por ciento que puso a temblar a toda la región. Gracias al Nafta -o Tlcan como se conoce en español el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá-, México pudo cimentar la recuperación económica y atraer renovados flujos de Inversión Extranjera Directa.
La destorcida del abrazo del oso se daría 15 años más tarde; la estrecha vinculación de México a la economía de Estados Unidos hacía previsible el negativo impacto que la recesión estadounidense tendría sobre la economía mexicana, especialmente en el sector industrial, dado que al menos el 35 por ciento mantiene una notoria dependencia del acontecer económico de sus vecinos del norte.
Los estimativos de la Ocde, club de 30 países industrializados al cual México pertenece desde mayo de 1994, sugieren que la economía mexicana se contraería el 8 por ciento en el 2009, la peor crisis de los últimos 80 años, derivada según el Banco de México, de la elevada dependencia de Estados Unidos; deterioro de la confianza inversionista; inflexibilidad para reubicar los factores productivos; y ausencia de incentivos para la adopción de tecnologías de punta y falta de prácticas laborales más eficientes. Por lo pronto, de materializarse estas proyecciones, la caída del PIB durante el 2009 sería la segunda más severa desde 1932 cuando la actividad económica se desplomó el 14,9 por ciento.
La inflación a finales del mes de junio tampoco da tregua.
De acuerdo con la Ocde, la inflación anualizada en alimentos se ubicó en el 10 por ciento en el primer semestre de 2009, la segunda en el seno de la Organización después de Islandia, donde la inflación proyectada asciende al 18,2 por ciento.
El sector turístico, que aporta el 8 por ciento del PIB, se vio afectado durante los primeros meses del año por la inesperada, y ya superada, epidemia de gripe AH1N1, que a la postre podría generar, según la Confederación Nacional de Turismo de México, pérdidas cercanas a los 2.200 millones de dólares, la desaparición de 30.000 empleos y de 22.000 cuartos de hotel durante el 2009.
La nota positiva la puso la calificadora de riesgo Moody's la semana pasada, cuando ratificó la nota soberana de México de grado de inversión y perspectiva estable, fundamentada en la continuidad del orden fiscal y el acceso a los mercados financieros internacionales, lo cual mitiga las preocupaciones existentes sobre el menguado crecimiento económico y la estrechez de la base tributaria.
México lindo y querido, como en la canción de Jorge Negrete, espera con ilusión la llegada del 2010.
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