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Andrés Espinosa Fenwarth

Proteccionismo salvaje

Publicado el 22-07-09

 La diferencia entre el animal y el hombre radica en que aquel se adapta a su ambiente natural, mientras que el hombre difícilmente se relaciona con su entorno. Esta es la razón por la cual el animal por lo general yerra una sola vez, dado que por naturaleza e instinto aprende de sus propios tropiezos. El hombre, por el contrario, no siempre lo hace y no es inusual que cometa el mismo error una y otra vez.

Esto es lo que parece ocurrir a nivel internacional con el resurgimiento del proteccionismo comercial en medio de la crisis económica más profunda desde la Gran Depresión de los años 30, agravada entonces por la Ley estadounidense Smooth-Hawley que elevó los aranceles en 50 por ciento. Este es el eje del inquietante informe del director general de la OMC, Pascal Lamy, que bajo su responsabilidad presentó la semana pasada en la OMC.

De acuerdo con Lamy, en los últimos meses las medidas adoptadas por los miembros de la OMC que restringen el comercio duplica aquellas que pretenden liberalizarlo, incluso dejando fuera del análisis las prohibiciones implementadas injustamente contra la porcicultura relacionadas con la influenza pandémica AH1N1.

La cara del nuevo proteccionismo se perfecciona a nivel arancelario mediante la imposición de salvaguardias y derechos antidumping, alza de aranceles y prescripción de otras barreras no arancelarias como licencias a las importaciones no automáticas, compras obligatorias de insumos nacionales, obstáculos técnicos y sanitarios sin base científica y limitación de las visas de trabajo, todo lo cual afecta adversamente los menguados flujos de comercio global.

Los sectores más golpeados por esta nueva ola de proteccionismo comercial abarcan la agricultura, la industria automotriz, textil y de confecciones, de hierro y acero, química y de plásticos. En el terreno agrícola, la Unión Europea sobresale al propiciar una nueva guerra de subsidios, cuyos recursos sostienen artificialmente a su cadena láctea desde comienzos del año, a lo cual respondieron Estados Unidos y Suiza con la reintroducción de los suyos, seguidos de cerca por Canadá, que impuso cuotas a los productos lácteos, excepto para sus socios preferenciales (Nafta, Costa Rica e Israel).

En nuestra subregión, todavía centellea la salvaguardia cambiaria de Ecuador impuesta sin la autorización de la CAN a 1.346 productos de Colombia, pese a la persistente revaluación del peso colombiano.

En el campo industrial, las prácticas restrictivas incluyen la utilización de licencias no automáticas de Argentina; el aumento de aranceles de Bolivia para 374 productos y de Egipto para acero y maquinaria; la imposición de salvaguardias en India contra productos del sector automotriz originarios de China; las restricciones impuestas por México a las importaciones de camiones diésel; los incrementos en los aranceles a productos industriales aplicados por Rusia; la implementación en Estados Unidos del Buy American Act; y la aplicación en Venezuela de una cuota de 10.000 unidades a los vehículos de Colombia.

El panorama no es alentador, especialmente a la luz de las nuevas proyecciones de la OMC que registran una reducción del 10 por ciento en el volumen del comercio mundial en el 2009, horizonte que puede agravarse si el proteccionismo salvaje asalta la economía global.


aespinosa@minagricultura.gov.co

Andrés Espinosa Fenwarth

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