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Andrés Espinosa Fenwarth

La nueva Europa

Publicado el 24-06-09

El imponente edificio Berlaymont de diseño cruciforme, sede de la Comisión Europea en Bruselas desde finales de los años sesenta, fue testigo de excepción la semana pasada de la decisión más importante de política exterior comunitaria de este año, la confirmación de un nuevo referéndum en Irlanda. Esta determinación le permite a Europa seguir adelante con la ratificación del Tratado de Lisboa suscrito el 13 de diciembre de 2007, el cual modifica el Tratado de Roma de 1958 que fundó la Comunidad Europea, y el Tratado de Maastricht que le dio vida a la Unión Europea en 1992.

El Tratado de Lisboa pretende federalizar a Europa, designando un presidente del Consejo Europeo por dos años y medio, en lugar del sistema rotativo actual de seis meses; combinar los cargos de relaciones exteriores; modificar el sistema de votación basado en una doble mayoría representativa que tome en cuenta la población de los Estados Miembros, y fortalecer la Comisión y el Parlamento Europeos.

Después de intensas negociaciones en la fría capital belga, el Gobierno de Irlanda recibió las garantías exigidas que le permiten convocar un nuevo referéndum del Tratado de Lisboa, el cual sufrió una estrepitosa derrota en las urnas irlandesas el 12 de junio de 2008, que frenó en seco la construcción de Europa. Según la revista semanal Der Spiegel de Alemania, el primer ministro de Irlanda, Brian Cowen, sorprendió a sus colegas europeos el pasado jueves cuando rechazó la declaración que proponía inicialmente la Comisión Europea; Irlanda requería, sostuvo Cowen, que sus demandas se incluyeran en un protocolo que hiciera parte del Tratado.

Cowen confirmó que el Consejo de ministros de Europa le había otorgado las garantías legales solicitadas para seguir adelante con el proceso de ratificación, que incluyen la independencia para determinar las políticas fiscales, la neutralidad militar, el mantenimiento de un comisario por cada Estado Miembro, y los temas de familia como el aborto y la eutanasia, todo lo cual se incluirá en un protocolo en el Tratado de Lisboa con motivo del ingreso de Croacia en el 2010 o el 2011. Cowen anunció que el nuevo referéndum se realizaría la primera semana de octubre de este año, con muy buenas perspectivas según las últimas encuestas.

Los líderes europeos prefirieron no celebrar. No era para menos. La tortuosa historia del Tratado de Lisboa no lo amerita; han pasado cinco años desde el colapso de la Constitución Europea, resultante del 'no' en Francia y en Holanda. El presente Tratado, reencarnación del proyecto anterior, debería haber entrado en vigor el año pasado.

La convocatoria del referéndum en Irlanda prende tenues luces de esperanza sobre el proceso de cimentación legal de Europa, que sigue, sin embargo, pendiente de lo que ocurra en los otros tres Estados Miembros que no han ratificado el Tratado de Lisboa. En la República checa, si bien el parlamento lo aprobó, su presidente Václav Klaus mantiene atada su firma al resultado del proceso irlandés. Igual ocurre en Polonia. En Alemania, el Tratado de Lisboa se encuentra en estudio en la Corte Suprema.

El pausado proceso de construcción de Europa mantiene, así, su inexorable marcha. 

aespinosa@minagricultura.gov.co

Andrés Espinosa Fenwarth

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