El Foro Económico Mundial, que se reúne esta semana en Davos, Suiza, congrega lo más granado del mundo político, intelectual y empresarial del momento desde 1971. El tema central del Foro de Davos es 'Shaping the Post-Crisis World' -la reconstrucción del mundo después de la crisis-, el cual cuenta con la participación de 40 jefes de Estado y miles de empresarios y líderes sociales de todo el planeta, interesados en contribuir a la definición de una agenda común para la orientación de los temas económicos y sociales en esta época de crisis.
El telón de fondo es ciertamente preocupante. La crisis inmobiliaria, financiera y crediticia que puso de rodillas a la primera potencia del planeta, se ha traducido en una impresionante destrucción de valor en Estados Unidos que supera los 8.300 billones de dólares. Los estadounidenses han perdido, en efecto, una cuarta parte de sus activos en tan solo 18 meses. Según el artículo de Roger C. Altman, The Great Crash, 2008, publicado en la revista Foreign Affairs de enero-febrero de 2009, las pérdidas financieras están representadas por el desplome en el valor de los dos principales activos de los norteamericanos, vivienda y los fondos o inversiones de retiro para la vejez.
En otras latitudes, las cosas también pintan color de hormiga. Gran Bretaña entró oficialmente en recesión la semana pasada, con una contracción económica de 1,5 por ciento, el peor resultado en 30 años. La economía española está igualmente golpeada por los 3,2 millones de parados registrados al cierre de 2008, cuya tasa de desempleo ascendió al 13,91 por ciento. En Japón, el Banco Central anunció el fin de semana que la economía japonesa enfrentaba una contracción económica hasta la primavera del año 2010.
China e India, del otro lado, parecen resistir mejor la crisis de Occidente, con niveles de liquidez o reservas internacionales sin precedentes, de 2.000 billones y 500 billones de dólares respectivamente, con una baja exposición a la crisis financiera y crediticia global.
Con este panorama, las soluciones mágicas no parecen estar a la vuelta de la esquina. Altman propone, sin embargo, tres medidas de orden práctico que podrían ser analizadas en Davos, y que posiblemente contribuirían al rescate de la economía global. La primera tiene que ver con el fortalecimiento y la redefinición del Fondo Monetario Internacional, entidad que a mediados de la presente década parecía obsoleta y sin funciones, pero que ahora podría jugar un papel importante, siempre y cuando flexibilice sus objetivos y democratice su base de capital, inmodificados desde 1977.
El mundo entero es testigo cómo el G-8 se convirtió en una pieza de museo para la retórica presidencial, que debería darle paso al G-20, donde países emergentes como China, India y Brasil puedan cambiar el balance del poder político hacia un mundo incluyente y multipolar, interdependiente como el actual.
Por último, las inflexibles reglas de conducta bancaria de Basilea, especialmente las referidas a los niveles de capital y apalancamiento deberían ajustarse a las necesidades reinantes, de suerte que las entidades financieras, incluido los bancos centrales, puedan contribuir con diligencia a la restauración del crecimiento económico mundial.
aespinosa@minagricultura.gov.co
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