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Andrés Espinosa Fenwarth

¿De regreso a octubre de 1929?

Publicado el 08-10-08

La crisis de confianza en los mercados financieros mundiales se agrava y se extiende, pese a la aprobación por el Congreso de Estados Unidos del paquete de rescate económico de 700.000 millones de dólares, y a las medidas de emergencia adoptadas por Alemania e Irlanda, que garantizan los depósitos de los ahorradores privados en sus entidades bancarias.

Algunos analistas se preguntan si estaremos transitando el mismo sendero del crac de 1929, que desembocó en la Gran Depresión de los años treinta. Algunas comparaciones son válidas; por fortuna, no todas.

En los años veinte, semejante a lo ocurrido en los años noventa, los norteamericanos se lanzaron al consumismo al debe, apoyados entonces por el crecimiento de la oferta de dinero del 60 por ciento, y permitido en nuestro tiempo por las bajas tasas de interés adoptadas por la Reserva Federal (FED) y la laxitud de las entidades financieras que no medían sus riesgos.

En los años veinte, la banca comercial se lanzó a la especulación sin responsabilidad, y por un tiempo, sin riesgo aparente.

Entre 1924 y 1928, los valores bursátiles en Estados Unidos se multiplicaron por cuatro, cabalgando desenfrenados sobre la especulación sin reglamentación.

En nuestra época ocurrió algo similar, especialmente en los años noventa, pues el Promedio Industrial Dow Jones -índice que mide el comportamiento de las principales acciones en la Bolsa de Wall Street-, se multiplicó por tres.

Entre el 24 y el 29 de octubre de 1929, el Dow Jones perdió el 13 por ciento; el mercado destruyó entonces 14.000 millones de dólares.

La Gran Depresión se tomó luego a Estados Unidos por la equivocada decisión de la FED de restringir la oferta de dinero en 33 por ciento en un mundo regido por el inflexible patrón oro, iliquidez que contribuyó a hundir más de 6.000 bancos.

En 1932, el Dow Jones perdió el 90 por ciento respecto de 1928, su punto más alto, panorama que se agravó aún más con el alza de las tasas de interés implementada entonces por la FED, y por los perversos efectos del proteccionismo comercial derivado de la Ley Smoot Hawley de 1930, que elevó los aranceles en 50 por ciento.

En contraste con lo ocurrido en los años treinta, las quiebras de la hora se han centrado en una veintena de entidades financieras ligadas, directa o indirectamente, al deprimido mercado inmobiliario.

A diferencia de los años treinta, la FED y el Departamento del Tesoro han actuado de manera rápida -y salvo la errada determinación de dejar quebrar a Lehman Brothers que tiene postrado el nivel de confianza global-, diríamos que oportuna.
La prioridad ha sido la masiva inyección de liquidez para permitir que el sistema financiero y crediticio vuelva a la normalidad.
Sin embargo, de no resolverse pronto el actual congelamiento del crédito interbancario y comercial, se podría generar una mayor pérdida de confianza, y con ello, una crisis de proporciones planetarias.

aespinosa@minagricultura.gov.co

Andrés Espinosa Fenwarth

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