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Andrés Espinosa Fenwarth

La crisis financiera del siglo XXI

Publicado el 01-10-08

La crisis financiera y crediticia actual se agudizó a nivel global con el inesperado rechazo político de la Cámara de Representantes de Estados Unidos al proyecto de Ley de Estabilización Económica de Emergencia de 2008, el cual le otorgaría al Secretario del Tesoro un presupuesto escalonado de 700 mil millones de dólares para rescatar la economía mediante la compra de activos en problemas.

El Gobierno Federal busca inyectarle liquidez al sistema financiero norteamericano para evitar a toda costa la repetición de la Gran Depresión de los años treinta, agravada entonces por la iliquidez derivada de la reducción del 33 por ciento en la oferta de dinero. El esfuerzo ha sido descomunal. Hace un año, la FED mantenía un colchón de liquidez de 800 mil millones de dólares representado por títulos del Tesoro de Estados Unidos.

La semana pasada, las reservas de la FED eran inferiores a los 300 mil millones de dólares, afectadas por los desembolsos extraordinarios previstos a favor de los gigantes inmobiliarios Fannie Mae, Freddy Mac y la mayor aseguradora del país, AIG; mermadas también por el financiamiento de la Corporación Federal de Seguros de los Depósitos Bancarios, la nacionalización del IndyMac Bank y el préstamo al JP Morgan Chase & Co que viabilizó la compra de Bear Stearns, banco de inversión fundado en 1923.

Dada su estrecha posición de reservas, la FED se vio obligada el pasado lunes a recurrir a la antigua práctica de imprimir dinero para fondear dos nuevas líneas de crédito de emergencia: la primera de 150 mil millones para los bancos comerciales y la segunda para los bancos centrales del exterior por 330 mil millones, destinada a soportar los mercados de Europa y Asia.

El secretario del Tesoro, Harry Paulson reconoce, sin embargo,
que "la caja de herramientas es sustancial pero insuficiente".

Las soluciones ad-hoc adelantadas hasta ahora no han resuelto el problema fundamental, la falta de confianza en el sistema financiero de Estados Unidos.

Para ello, se requiere una solución integral como la rechazada por el Congreso norteamericano, y quizás del mismo calado de aquella que puso fin a la profunda crisis financiera sueca de los años noventa, cuyo costo total ascendió al 16 por ciento del Producto Interno Bruto.

La solución a la crisis financiera sueca incluyó un proceso transparente que permitió reconocer de manera temprana las pérdidas esperadas.

El manejo estuvo a cargo de una agencia independiente a nivel político y financiero, que permitió blindar el proceso de las presiones externas y generar credibilidad internacional.

El proceso de rescate financiero mantuvo la disciplina de mercado para garantizar que los afectados supieran que estaban expuestos a elevados riesgos, e incluso a eventuales pérdidas.

La resolución sistémica implementada por el Gobierno sueco puso, además, especial énfasis en la rápida restauración de los flujos de crédito e inversión, seguros y garantías a favor del sector productivo, con lo cual la economía volvió por los cauces del crecimiento.

aespinosa@minagricultura.gov.co

Andrés Espinosa Fenwarth

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