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Andrés Espinosa Fenwarth

El fantasma de 1929

Publicado el 24-09-08

El fantasma del crack de la Bolsa de 1929 ronda desafiante a Wall Street, con la crisis financiera más profunda de la historia de nuestro tiempo.

De los cinco bancos de inversión independientes que reinaban hace pocos meses, solamente Goldman Sachs y Morgan Stanley se mantienen en pie, pero ahora transformados en bancos comerciales regulados por la Reserva Federal en lugar de la Comisión de Valores. Bear Stearns y Merrill Lynch fueron absorbidos por dos poderosos bancos comerciales, JP Morgan Chase & Co y el Bank of America. Barclays Bank de Gran Bretaña y Nomura Holdings de Japón recogen los pedazos que quedaron después de la estrepitosa quiebra del banco fundado por Henry, Emmanuel y Meyer Lehman hace 158 años.

La impropia actividad bancaria en la Bolsa de Valores de la banca comercial fue una de las principales razones de la crisis financiera de 1929. Ello generó la separación de las actividades de la banca comercial y de inversión mediante la Ley Glass-Steagall de 1933.

Actualmente ocurre exactamente lo contrario, pues ahora es la banca de inversión y sus prácticas comerciales inseguras, su desprecio por el riesgo y el excesivo apalancamiento el caldo de cultivo de su virtual desaparición del mapa financiero global.
A diferencia de la banca comercial, que mantiene un nivel de apalancamiento razonable con depósitos -y seguro de depósitos- del público de 11 a 1, la banca de inversión se financiaba a corto plazo con operaciones de recompra (denominados 'repos') de títulos valores representativos de deudas hipotecarias, apalancados de 30 a 1. Este modelo era rentable y supuestamente seguro, pues los bancos de inversión no tenían que cumplir las estrictas reservas de la banca comercial, ni se preocupaban por el riesgo implícito del mercado de vivienda, que consideraban más sólido que el accionario.

Al sobrevenir la crisis de las hipotecas de alto riesgo en el último año y contaminar rápidamente el resto del mercado hipotecario norteamericano, subió el inventario de viviendas disponibles y se redujeron sus precios, con lo cual los títulos valores que servían de garantía para mantener su elevado grado de apalancamiento perdieron valor. La creciente exigencia de garantías colaterales, la iliquidez resultante y la pérdida de confianza se tomaron a Wall Street y desapareció así la banca de inversión que había sobrevivido al desplome del 29.

La consecuencia inmediata del derrumbe de la banca de inversión ha sido la consolidación de la banca comercial tradicional estadounidense, como precisamente pretendía promover la aprobación de la Ley Gramm-Leach-Billey de 1999, que autorizó la fusión de los bancos comerciales y de inversión. La crisis, sin embargo, no ha concluido, pues el mercado de vivienda registra cinco millones de norteamericanos al borde de perder sus viviendas. Las entidades financieras aún mantienen en sus balances activos ilíquidos ligados a las hipotecas que congestionan la concesión de crédito.

El Congreso estadounidense y el Gobierno Federal tienen una histórica responsabilidad, evitar la repetición del crack del 29.

aespinosa@minagricultura.gov.co

Andrés Espinosa Fenwarth

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