La cumbre energética, convocada a las carreras por el rey Abdalá de Arabia Saudita el domingo pasado en Yeda, ciudad costera del Mar Rojo, reunió a 36 ministros responsables de la energía a nivel planetario, preocupados por el alza de las cotizaciones del barril de petróleo.
El comunicado final es un inocuo llamado a la transparencia y la cooperación, que pretende maquillar las profundas divergencias reinantes entre productores y consumidores de petróleo.
El rey Abdalá de Arabia Saudita, primer productor mundial y anfitrión de la conferencia, responsabilizó del alza de precios del crudo a "los especuladores, los elevados impuestos en los países consumidores y a un aumento del consumo en los países en vías de desarrollo".
El secretario norteamericano de Energía, Samuel Boldman, afirmó en representación de los consumidores que "la producción no ha mantenido el paso con la creciente demanda de petróleo, lo que causado el aumento de los precios y su cada vez mayor volatilidad".
Boldman sostuvo, además, que "no hay pruebas de que los especuladores estén impulsando los precios en los mercados de futuros"; y de manera lapidaria concluyó que "de no aumentarse la oferta de crudo, por cada crecimiento en la demanda de 1 por ciento, esperamos un 20 por ciento de incremento en el precio que equilibre el mercado".
El mercado de petróleo reaccionó hacia el alza, en dirección contraria a lo que esperaban los productores animados por el anuncio saudí de incrementar la producción en 200 mil barriles diarios, con lo cual elevaría su producción a 9,7 millones de barriles al día, su máximo nivel desde 1981.
Los analistas consideran con sobrada razón que este modesto aumento no compensa la merma en la producción de Nigeria, octavo productor mundial, derivado de los continuos ataques que han reducido su producción a los niveles más bajos de los últimos 25 años, ni la contracción en la producción en el Mar del Norte y en el Golfo de México.
La realidad es que nadie pensaba hace pocos meses que el petróleo podría superar la barrera de los 200 dólares el barril. Ahora, pocos lo ponen seriamente en duda. El barril de petróleo pasó de 10 dólares en 1999 a 95 dólares el año pasado, y a 138 dólares esta semana.
Los políticos se muestran muy inquietos por las protestas generadas por la continua alza en el precio de los combustibles. En Europa, primero fueron los transportadores españoles, luego los belgas y ahora los italianos, que han convocado a una huelga general para el 30 de junio próximo, a la cual se podrían sumar los camioneros franceses.
Incluso en Colombia se sintió el ventarrón de un breve paro de transporte, conjurado a buena hora por el Gobierno Central.
Estamos, pues, entrando en un nuevo mundo de agitadas aguas, que golpean el crecimiento de la economía global y reviven el fantasma de la inflación, que tanto asusta a los banqueros centrales, al estilo de los años 70.
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