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Andrés Espinosa Fenwarth

Colombia y la crisis de alimentos

Publicado el 30-04-08

La crisis global de alimentos que amenaza el crecimiento económico y la estabilidad política mundial -denominada el 'tsunami silencioso' por la revista The Economist-, ha puesto en alerta máxima a las autoridades nacionales de todo el planeta. Cada país responde a este ahogo acorde con su realidad en la cadena alimentaria.

Según la FAO, 37 países requieren asistencia externa ante la severa inseguridad alimentaria actual, 6 de ellos de América Latina, entre estos Nicaragua, República Dominicana y Haití. Otro grupo vulnerable a esta crisis está compuesto por aquellas naciones que son importadoras netas de alimentos, y que por ello, pueden experimentar los devastadores efectos de una inadecuada provisión de comida.

Según la Organización Mundial del Comercio, el grupo de países importadores netos cobija, además de los países de menor desarrollo, a otros 19 países, 6 de Latinoamérica: Cuba, Honduras, Jamaica, Perú, Trinidad y Tobago y Venezuela.

Colombia no hace parte de ninguno de estos grupos de países de riesgo por desabastecimiento de comida. Es más, el país está blindado ante la silenciosa embestida de la crisis alimentaria de nuestro tiempo, resultante primordialmente del aumento en los precios internacionales de los últimos 16 meses: 135 por ciento del arroz, 116 por ciento del trigo, 93 por ciento de la soya y 41 por ciento del maíz.

El blindaje alimentario nacional se deriva de un nivel de autosuficiencia del 90 por ciento. El consumo nacional de productos agropecuarios es de 33,1 millones de toneladas. El país se abastece con 25 millones de toneladas producidas localmente y 8,1 millones de toneladas que se importan. De las importaciones totales, sobresalen 4,8 millones de toneladas que no son alimentos, pues corresponden a cebada cervecera, además de maíz amarillo y preparaciones empleadas en el sustento animal por la industria de pollo y cerdo. Estos subsectores crecieron el 8,8 y el 18 por ciento en el 2007, respectivamente, cuya demanda por alimento animal explica el dinamismo de las importaciones agrícolas. La balanza comercial de productos agropecuarios, primer nivel de alerta de una crisis alimentaria, confirma nuestro blindaje frente al 'tsunami silencioso'.

Entre el 2002 y el 2007, el superávit de la balanza comercial del agro (exportaciones menos importaciones) creció el 112 por ciento, pues pasó de 1.219 millones de dólares a 2.590 millones de dólares en el período.

Si bien las importaciones agrícolas crecieron el 33 por ciento en volumen (es decir, en toneladas), contra el 7,5 por ciento de las exportaciones, no es menos cierto que el crecimiento de las importaciones y de las exportaciones en valor (es decir, en dólares), estuvo equilibrado, pues fue superior en ambos casos al 100 por ciento en estos cinco años.

Este blindaje debe complementarse con programas para expandir la frontera agrícola 'a borbotones' como pide el presidente Álvaro Uribe, reducir los precios de los agroquímicos y combatir los aislados brotes de especulación interna y la revaluación, tal como lo hace y propone actualmente el Ministerio de Agricultura.

Andrés Espinosa Fenwarth

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