La crisis mundial de alimentos se perfila como una amenaza potencial para la estabilidad política y económica mundial, superior, incluso, a la crisis en los mercados financieros. En las últimas semanas, la continua alza de los precios de los alimentos ha provocado disturbios de considerable magnitud en Burkina Faso, Egipto, Etiopía, Camerún, Costa de Marfil, Filipinas, Indonesia, Madagascar, Pakistán, Senegal, Tailandia y en nuestra región en México, Nicaragua y República Dominicana. En Haití, los violentos motines generados por la crisis alimentaria le han costado la vida a cinco personas y el cargo al premier Jacques Edouard Alexis, quien fue depuesto el sábado pasado por el Parlamento haitiano.
A primera vista pareciera que el fantasma del economista británico del siglo antepasado, Thomas Malthus, estuviera rondando la economía global con su 'Ensayo sobre la Población', en el que planteaba que la población crecía en progresión geométrica y la comida lo hacía en forma aritmética. La experiencia demuestra que este desfase entre población y comida no existe; la realidad es que el alza en los precios de los alimentos y la actual crisis alimentaria responde a circunstancias más complejas de carácter estructural.
Según la FAO, los fondos de inversión que operan en la economía global y la imparable debilidad del dólar "son los principales responsables por los altos precios de los alimentos a nivel mundial". La FAO añade que "la falta de confianza en el dólar mueve a los inversionistas institucionales y a los especuladores a buscar mejores rendimientos en los mercados de productos básicos, primero metales y luego alimentos".
También juegan papel de importancia el cambio climático -que genera sequías e inundaciones sin precedentes-; el crecimiento económico de China e India; el desarrollo económico de otros países de bajos ingresos, que han cambiado sus patrones de consumo hacia alimentos con mayor valor nutricional como carnes, cereales y lácteos; el alza en las cotizaciones del petróleo que encarece el transporte de alimentos y los agroquímicos, así como los biocombustibles derivados del insumos de baja eficiencia energética como el maíz. La suma de estos factores a escala mundial se ha traducido en una inflación de alimentos sin antecedentes del 45 por ciento en los últimos nueve meses, y en el nivel más bajo de reservas de cereales de los últimos treinta años, 405 millones de toneladas.
Con este telón de fondo, el Banco Mundial lanzó el pasado fin de semana en Washington su propuesta de New Deal for Global Food Policy (Nuevo Acuerdo para una Política Mundial de Alimentos).
Este New Deal incluye, a diferencia de la ayuda alimentaria tradicional, medidas de emergencia para apoyar a los países más pobres con un amplio concepto de comida y asistencia nutricional; comprende al mismo tiempo, incentivos para la producción y mercadeo de comida como parte del desarrollo sostenible y promueve en la OMC la concesión de oportunidades de acceso y comercio justo para los productos agropecuarios de exportación de los países en desarrollo.
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