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Andrés Espinosa Fenwarth

¿Cómo negocian los peruanos?

Publicado el 12-03-2008

La cultura negociadora del Perú responde a su amplia diversidad cultural y étnica, tal como lo reconoce un interesante estudio sobre el tema del profesor Enrique Ogliastri, Ph.D. en Teoría Organizacional. Su importancia es evidente, dado los resultados de su modelo de desarrollo económico y su acelerado proceso de internacionalización del último quinquenio, que involucra no solo una exitosa promoción del turismo, sino sucesivas negociaciones de acuerdos de libre comercio a lo largo y ancho del planeta.

Como bien indica Ogliastri, para los peruanos la concepción predominante en negociaciones es el regateo, con solicitudes iniciales exageradas y aparentemente rígidas, que ajustan y reducen en el tiempo, incluso de manera abrupta e inesperada al final del camino, para garantizar el cierre de las mismas. Cierre que no necesariamente está ligado al contenido de negociación, sino a la seguridad jurídica que ello genera para consolidar la confianza en su economía y atraer inversión extranjera, sus verdaderos objetivos de negociación internacional.

Para los peruanos, las negociaciones tienen un valor fijo que es objeto de distribución, de suerte que la ganancia para uno es la pérdida para otro, concepción típica de negociación de 'suma cero'. Esto explicaría su comportamiento en la mesa de negociaciones -donde solamente se gana o se pierde- y su persistente afán de sacar provecho de la contraparte. Esta concepción no comprende la creación de valor distribuible entre las partes, como sería el caso cuando se negocia por medio de paquetes de intercambio que valorizan la negociación.

Para la cultura peruana, el tiempo es un concepto relativo en el que la impuntualidad y la informalidad son frecuentes, afirma Ogliastri. No sorprende entonces cuando dilatan los tiempos de negociación, o incluso cuando los recortan, según su estricta conveniencia, en aras de obtener posiciones más ventajosas y dejar de lado la consideración de los intereses de la contraparte. La informalidad les permite disminuir la presión para negociar o incluso comprometerse; de allí que para los peruanos, sostiene Ogliastri, "si el cumplimiento afecta sus intereses, es muy seguro que no cumplan".

En el Perú, negocian las cabezas, es decir, las jerarquías de alto nivel, que por lo general son centralizadas, preparadas y visiblemente autoritarias, que no dan lugar a otras figuras de negociación. Si bien las negociaciones se inician por lo general con calificados representantes de carácter técnico, a la hora de la verdad no tienen autonomía alguna; las altas jerarquías son las que realmente definen las líneas de negociación y toman las decisiones en la mesa de negociaciones.

Según Ogliastri, los negociadores en Perú 'florean' con frecuencia (es decir que hablan y se adornan sin decir mucho), concepción que hace parte de un manejo emocional, de tácticas de poder si se quiere, que les permite fijar posiciones inflexibles al inicio, mostrar luego de manera variable interés o desinterés, calma o enfado, y hasta superioridad si se les da el espacio para ello, para luego cerrar las negociaciones en tiempo récord.

Andrés Espinosa Fenwarth

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