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Andrés Espinosa Fenwarth

¿Doha o no Doha?

Publicado el 06-02-2008

Las negociaciones multilaterales de la Ronda Doha iniciadas a finales del 2001 se encuentran paradójicamente a punto de caramelo para un esperanzador cierre, o entrampadas en una irremediable postergación hasta finales de la presente década. Como ocurre en las negociaciones comerciales en la actualidad, agricultura focaliza todas las dificultades y retos de mayor calado. Por esta razón, agricultura se parece a la niña bonita que atrae todas las miradas, pues de su tratamiento dependerá la suerte final de estas negociaciones diseñadas supuestamente para favorecer a los países en desarrollo.

Las apuestas en torno a la conclusión de estas negociaciones comerciales, que se llevan a cabo bajo los auspicios de la OMC, se encuentran fragmentadas. A su favor soplan vientos favorables en el contexto político. Como es costumbre por esta época, los negociadores en Ginebra esperaron ansiosos el guiño del Foro Económico Mundial reunido a finales de enero en el paraíso invernal suizo de Davos. Este año no fue la excepción. La ministra de Finanzas de Suiza, Doris Leuthard organizó un almuerzo con 20 ministros de comercio en el marco del Foro de Davos. De allí surgió la urgencia de finalizar las negociaciones en el curso del presente año, y definitivamente antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos de noviembre próximo. En abril se realizaría una cumbre ministerial en Ginebra para verificar los progresos alcanzados hasta entonces. La ministra Leuthard concluyó que en opinión de todos los ministros presentes, "si no concluían la Ronda en el 2008, nunca lo harían".

El otro elemento que favorece el cierre de estas negociaciones en Ginebra tiene que ver con los elevados precios de los alimentos (derivados del cambio climático, incremento de la demanda en China e India, auge de los biocombustibles y crecimiento de la población), que le facilita a Estados Unidos y a la Unión Europea reducir sus subsidios agrícolas, que por esta coyuntura de precios son realmente innecesarios e incluso financieramente insostenibles.

Pero como en la tormentosa vida de la extraordinaria cantante francesa Edith Piaf, no todo es color de rosa. También hay espinas en el camino de los negociadores en Ginebra. No podría olvidarse la sombra que genera la recesión económica en Estados Unidos (cuya economía creció tan sólo el 0.6 por ciento en el cuarto trimestre del 2007), y el efecto que produce sobre la economía mundial, cada vez más globalizada. Como indicó acertadamente el ex primer ministro británico Tony Blair en Davos, "en períodos de dificultad económica, la presión política va más por el sentido del proteccionismo que por una apertura comercial". A lo anterior se suma la imposibilidad de generar una mayoría en el Congreso de Estados Unidos a favor del libre comercio, incluso recíproco, factor que ha acentuado la inhabilidad del poder ejecutivo estadounidense para conseguir la requerida renovación de la autoridad negociadora que expiró en junio del 2007.

¡Habrá pues que creer primero para poder ver el final de la Ronda Doha!

Andrés Espinosa Fenwarth

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