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Andrés Espinosa Fenwarth

¿Agroinflación?

Publicado el 13-02-2008

En el pasado, incluso remoto, el mundo se beneficiaba de una agricultura que producía alimentos a precios bajos para el consumidor, y a veces ruinosos para el agricultor. Hoy día las cosas son a otro precio. La realidad es que la cadena de producción y consumo de alimentos se transformó de manera radical en una nueva ecuación de mercado y precios, hasta el punto en que el índice de precios de los alimentos del The Economist se encuentra en su nivel más elevado desde su primera publicación en 1845.

La actual estructura de la cadena agroalimentaria se explica por la iteración simultánea de tres elementos: demanda, oferta y una nueva estructura de mercado. El más importante tiene que ver con el aumento de la demanda proveniente del crecimiento de los países en desarrollo, incluidos -pero no exclusivamente- China e India. De acuerdo con la FAO, de los 36 países que sufren de inseguridad alimentaria, 22 registraron crecimientos que fluctúan entre 5 y 16 por ciento en los últimos dos años. Según el Ifpri, centro de investigación alimentaria de Washington, el crecimiento económico en los países de bajos ingresos es la principal fuerza motriz que explica lo que ocurre en la cadena agroalimentaria, cuyos efectos se amplifican con su creciente urbanización y el cambio en los patrones de consumo hacia alimentos con mayor valor nutricional como carnes, lácteos, frutas y vegetales.

Por el lado de la oferta, se registra una caída en la producción de cereales de 2,4 por ciento en el 2006, relacionada con el cambio climático en países productores importantes como Australia y la reducción de los inventarios, especialmente en China, que constituye el 40 por ciento del total, cuyos niveles son los más bajos desde los años ochenta.

El tercer componente en esta ecuación tiene que ver con la creciente integración que se observa entre los mercados de alimentos y de energía, conectados entre sí por los biocombustibles de origen vegetal. Este fenómeno, según el Ifpri, también contribuye al cambio de la cadena alimentaria y a la volatilidad en los precios internacionales de las materias primas que son fuente de energía sostenible y no contaminante.

La conjunción de estos tres factores (demanda, oferta y estructura de mercado) se ha traducido en bruscas variaciones de los precios de los alimentos. Entre el 2000 y el 2006, la demanda por cereales aumentó en 8 por ciento, mientras que los precios se duplicaron el mismo período, confirmando, como sostiene el Ifpri, que la oferta agrícola es muy inelástica, es decir, que no responde proporcionalmente a las alzas de precios. En efecto, un aumento del 10 por ciento en los precios de los productos agrícolas genera tan solo un incremento en la producción del 1 al 2 por ciento, respuesta que puede estimularse escalonadamente con un desarrollo en infraestructura, semillas mejoradas y financiamiento oportuno.

Hacia el futuro, las proyecciones confirman que los precios de los alimentos se mantendrán elevados. ¡A producir tocan! 

Andrés Espinosa Fenwarth

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